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Valoraciones: Criterios y Sentimientos

En el post de la semana pasada (http://elmalabar.es/2013/04/30/que-managers-requiere-la-situacion-actual/) en algún momento mencionaba la necesidad imperiosa para un manager de ser capaz de valorar adecuadamente como uno de los elementos que se requieren en una situación de crisis como la que estamos viviendo. Pero esta cualidad no es imprescindible solamente en tiempos de crisis, sino que también lo es para poder conseguir el mejor equipo profesional y éste es el motivo de este post.

Un mánager debe tener en su cabeza perfectamente interiorizado el perfil ideal de los miembros de su equipo, ya sean mánagers o empleados, y utilizar este marco para:

  •  Identificar a los candidatos con potencial para llegar al perfil ideal.
  •  Establecer evaluaciones periódicas, siempre dentro del mismo esquema, para que esa potencialidad se vaya materializando mediante planes de mejora que ataquen los gaps.
  •  En caso de que ese perfil no se consiga después de los planes de mejora, buscar otras alternativas para la persona, o incluso desvincular a los que su falta de progreso les lleve al incumplimiento sostenido de los objetivos.

Estilos de management, como elmalabar, permiten fácilmente crear esos perfiles partiendo de sus componentes:

  •  Sentido de negocio
  •  El mejor equipo profesional
  •   El trabajo bien hecho como único camino hacia los resultados
  •   Coherencia

A partir de aquí, para cada componente se identifican las conductas y cualidades asociadas que evidencian en qué grado esa componente se da en el manager. A modo de ejemplo el siguiente cuadro es parte del esquema con el que yo he trabajado.

 prueba perfil

Con una estructura de este tipo y mucha práctica, el mánager puede llegar a ser un auténtico experto en observar los comportamientos de sus colaboradores para ir montando y actualizando, sobre la marcha, un perfil profesional que luego después plasmará en una evaluación formal.

La intuición es un comodín que ayuda en muchos aspectos del management pero que en solitario no es recomendable. Nunca me ha gustado la gente con intuición para los fichajes porque “dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”, es decir cuando alguien se califica o es calificado de intuitivo implícitamente se le está descalificando como persona objetiva. Por tanto el inicio de cualquier valoración debe ser absolutamente objetivo, basado en el criterio del manager y fundamentado en el perfil que se busca, y si se es intuitivo este trabajo se realizará con más facilidad y las probabilidades de éxito aumentarán.

Cuando se tiene una valoración hay que ser consecuente con ella y tomar las decisiones adecuadas. Esta última sentencia no tiene desperdicio ya que no vale contemporizar sin tomar decisiones, y además las decisiones deben ser las correctas. Entiendo por correctas aquellas que satisfacen las necesidades puntuales que han provocado la toma de decisión y aquellas que ponen, quita o promocionan al que realmente se lo merece por su valoración.

Los sentimientos, como la intuición, son otro elemento complementario que tampoco puede ejercerse en solitario pero que bien utilizados, añaden alguna consideración colateral a la racionalidad para mejorar la decisión, pero teniendo en cuenta que nunca puede sustituir a esta. Al igual que renegaba del intuitivo porque utilizaba la intuición como sustitutivo de la valoración, reniego del “sentimental” que pondera los sentimiento por delante de la racionalidad a la hora de tomar la decisión o, incluso peor, que incorpora los sentimientos en la fase de la valoración y realiza valoraciones sesgadas ya en el origen, porque “es buena gente”.

La racionalidad está siempre alineada con el sentido común y los sentimientos también lo deben estar, ya que muchas valoraciones tergiversadas hacia arriba como movimiento proteccionista acaban generando problemas irresolubles a futuro y entonces el supuesto protegido queda a los pies de los caballos sin capacidad de reacción.

Mánagers de negocio y mánagers de gestión

Se podrían buscar muchas maneras para categorizar a los mánagers en función de los diferentes parámetros de industrias, funciones, niveles, canales, etc., pero voy a hacerlo de una manera muy global dividiéndolos en dos categorías: aquellos que diseñan, crean y dirigen empresas y unidades de negocio; y aquellos que trabajando para los anteriores son responsables fundamentalmente de la ejecución.

La división entre mánagers de negocio y mánager de gestión se marca con claridad entre aquellos, los primeros, cuya razón de ser es tanto el negocio como la estrategia asociada y los segundos, a los que no se les pide esa capacidad a la hora de gestionar.

El mánager de negocio debe diseñar un modelo de negocio y una dinámica de funcionamiento, para luego crear el mejor equipo de mánager de gestión, al que entregará sin ambages toda la responsabilidad de la ejecución.

El mánager de gestión, con esa dinámica de funcionamiento, debe poner todo su esfuerzo en la ejecución, rodeándose de los mejores y dejando espacio para que estos equipos se puedan desarrollar y cumplan consistentemente los objetivos.

Ambas categorías comparten todos los elementos de un decálogo de dirección, aunque en algunos aspectos si se muestran diferencias sustanciales:

- People management: dimensionar y perfilar.

- Espíritu ganador.

- Habilidades personales.

- Técnicas de Management.

- Networking.

- Trabajo con otros mánagers a su cargo: el mánager de gestión empezará a practicarla antes de pasar a mánager de negocio cuando los grupos que dirige requieran más de un nivel.

- Toma de decisiones. Aquí también existe una gran diferencia entre el tipo de decisiones que debe tomar uno y otro, ya que en el caso del mánager de negocio tendrán mayor complejidad y sobre todo tendrán una influencia mayor en términos económicos y en términos de las personas afectadas.

El instrumento de navegación de un mánager de gestión es el mapa y el instrumento de navegación del mánager de negocio es la brújula, de modo que estos dos instrumentos no son sustitutivos ni intercambiables. Con la brújula hay que fijar la dirección y entregar las indicaciones al siguiente nivel para que éstos sobre un mapa tracen el plan de acción.

El mánager de negocio tiene que dedicar mucho tiempo a pensar y crear mientras que el mánager de gestión debe dedicar toda su energía a ejecutar, aunque ambos deben tener el máximo de respeto al desarrollo de sus equipos siendo consistentes entre lo que dicen y lo que hacen.

Un CEO o un Director de Unidad de Negocio de una gran compañía serían mánagers de negocio, mientras que un director comercial o cualquier otro director funcional, y a partir de ellos hacia abajo, serían mánagers de gestión.

En una compañía pequeña o mediana quizás el único mánager de negocio es el director general o dueño y el resto serian mánagers de gestión.

Por supuesto que esta clasificación no es rigurosa y simplemente trata de hacer una división de raya gorda, matizable y con necesidad de adaptación a cada compañía concreta.

Todo mánager, sobre todo aquellos que tengan aspiraciones de crecer, tienen que tener sentido de negocio, aunque es verdad que en el mánager de gestión debería estar latente y ser utilizado por este para entender bien lo que le viene de arriba, y si así es requerido por los mánagers de negocio, poder colaborar en la confección de modelos de negocio o estrategias. Ambas, negocio y gestión, son categorías simbióticas que deben trabajar juntas pero no revueltas siendo muy importante no confundir ambos papeles.

Cuando una compañía necesita una decisión de modelo de negocio o estrategia, ésta necesita un mánager de negocio que la tome. Así, sería un craso error que ese mánager de negocio se limitase a tomar medidas operativas de gestión que no solucionasen los problemas estructurales y que como mucho maquillarían los resultados para hacer languidecer por más tiempo a una compañía ya agotada.

No todos los mánagers de gestión podrán dar el salto a la categoría de mánager de negocio porque ese paso, desde mi punto de vista, es muy selectivo y para nada automático. El ingrediente fundamental para dar ese paso es el sentido de negocio, que se tiene o no se tiene, pero también se necesita un mánager capaz de trabajar exclusivamente en el área del pensamiento estratégico  y la faceta de people management, sin asomarse en la ejecución y sin inmiscuirse en cualquier decisión de gestión que emane de sus decisiones de negocio.

Cuando alguien sobrepasa esa línea indebidamente los resultados de la compañía se deterioran y se producen en la organización unos daños cuyas secuelas serán difíciles de restañar.(http://elmalabar.es/2012/07/11/cuando-la-ambicion-no-se-corresponde-con-la-capacidad-para-dirigir/)

M&M: ¿Lista de invitados o menú?

M&M no es una abreviatura que tenga nada que ver con Management, Merge o cualquier otro vocablo relacionado con la actividad empresarial, sino que se refiere simple y llanamente a los caramelos de esa marca.

Voy a escribir sobre reuniones de trabajo pero voy a apalancarme en el anuncio de estos caramelos que están emitiendo en televisión. Dos M&M corriendo a contra cinta en un supermercado, tratan de huir de una cajera. Cuando han sido capturados y se encuentran en las bolsas de la compra, el más optimista mira al ticket de caja y le dice a su compañero “mira estamos en la lista de invitados” y el compañero sarcásticamente le aclara que es el menú.

Viéndolo me ha venido a la cabeza la analogía con algunas reuniones donde alguno de los participantes se cree que está en la lista de invitados, pero que realmente va a ser carnaza para éstos.

Las reuniones tienen la tendencia natural a ser bastante inútiles, aunque el organizador las convoque con la mejor voluntad, por lo que si no se pone cuidado a la hora de organizarlas está garantizada la pérdida de tiempo.

Quien la convoca tiene que hacerlo: para tomar una decisión, para discutir un tema o para informar; y no tiene que hacerlo para su lucimiento personal o para sentirse importante. Así, decidir no es discutir, ni discutir es informar, ni por supuesto informar es tomar decisiones.

La reunión se debe conducir procurando que los participantes se sientan cómodos y estén tranquilos, para que en ese entorno den lo mejor de ellos mismos. Del mismo modo, el conductor debe evitar escenificar desencuentros, descalificar a quien opine y cobrarse deudas pendientes.

En el libro “No abras los ojos” de John Verdon  me encontré un párrafo que hacía referencia a una reunión de trabajo en una comisaria en la que uno de los participantes, a la salida, perfila a los asistentes:

“No ha ido mal. Un público variopinto: todos los tipos básicos. Siempre está el grupo cauto, los que esperan y observan, los que creen en decir lo menos posible. Los pragmáticos, que quieren saber exactamente cómo pueden usar toda la información que les das. Los minimalistas, que quieren saber lo menos posible, implicarse lo menos posible, hacer lo menos posible. Los cínicos, que quieren demostrar que cualquier idea que no se les ha ocurrido a ellos antes es una estupidez. Y, por supuesto, el grupo «positivo», que es probablemente el más numeroso, los que quieren aprender todo lo que puedan, ver más claramente, convertirse en mejores”.

 Posiblemente falte algún perfil y quizás algunos de ellos se podrían definir de otra manera, pero en casi todos las reuniones se encuentran casi todos.

Los cautos no deberían estar, porque las reuniones deben ser participativas y todo aquel que es convocado debe participar. Sí, ya sé que hay reuniones en las que el número de participantes imposibilita una dinámica correcta (ver blog http://elmalabar.es/2012/03/28/los-comites-ejecutivos-y-los-circos-romanos/), pero si el número de participantes fuese el correcto y el conductor diese pie a ello, las actitudes cautas serían improductivas y descalificarían al sujeto para estar allí y posiblemente darían muchas pistas sobre su compromiso.

No esta mal el pragmatismo cuando es activo, pero cuando se trata de tomar al dictado lo que allí se habla, se queda un poco corto por la falta de aportación de ideas. Cuando esto sucede, ese perfil es prescindible porque con unas buenas minutas después de la reunion conseguiría, la concreción que pide.

Los minimalistas abundan, porque hay mucha gente que se siente importante cuando es parte de un comité o es invitada a una reunión de nivel, pero son conscientes que no es su lugar natural e intentan salir ilesos.

 Hay gente que se ve también abocada a asistir en representación de alguien y en esos casos, su actitud suele ser también minimalistas. En este sentido, yo nunca he sido partidario de las sustituciones y he preferido que alguien faltase a una reunión antes de enviar a un sustituto, además de que nunca he entendido ni aceptado las ausencias frecuentes. Por último hay gente que no pinta nada, que está allí por una concesión a la galería del conductor, debido a esos argumentos blandengues que se suelen utilizar en las empresas para contentar a alguien o por evitar posibles agravios comparativos.

Los que sí suelen abundar son los cínicos, si el conductor lo permite (quizás cuando él es uno de ellos), y son la nota discordante porque son auténticamente nefastos ya que a diferencia de las categorías anteriores, que simplemente gastaban café y oxígeno, éstos son contraproducentes para la marcha de la reunión.

En la reunión de la comisaria que he citado, la mayoría eran positivos y por eso el protagonista se iba contento. Lo ideal es que todos los participantes fuesen positivos y además pienso que es posible conseguirlo, cuando los participantes en número y criterio son correctamente elegidos. Además, el conductor se debe centrar en conseguir los objetivos de la reunión mediante la creación de un entorno participativo y cómodo.

Para finalizar, la ideas principales son las siguientes:

- No hagamos ni una sola reunión por encima de las estrictamente necesarias.

- Convoquemos a quienes pueden y están dispuestos a aportar, prescindiendo del resto.

- No conduzcamos desde arrogancia, la infalibilidad y la autoridad.

- Creemos un entorno participativo pero ordenado, donde no se saldan deudas ni se hace escarnio público.

Con todo esto, posiblemente la reunión sea productiva. No obstante, ante la duda, nos damos mus y pasamos de convocar la reunión, seguro que no pasa nada.

La desvinculación

Me han sugerido que comente sobre un artículo de Harvard Business Review titulado “firing someone the right way”, gracias Javier por ello. Estoy de acuerdo con este artículo, que interpreto de la siguiente forma:

Despedir a un colaborador es la tarea más complicada para un manager.

Existe una parte emocional que si no se maneja correctamente, puede deteriorar la calidad del proceso.

El despido es la última opción, después de haber agotado el resto.

Se ha tenido que llegar a esa situación después de un historial consistente de evaluaciones de rendimiento.

No debería ser una sorpresa para el colaborador.

Sobre la reunión: Ir preparado con todos los detalles. Escuchar, pero no reaccionar.

Hay que explicar la decisión al equipo.

Me gustaría empezar opinando sobre la necesidad de enfrentarse a ese tipo de decisiones. El mercado es competitivo y cada empresa compite con el resto para conseguir sus objetivos, por ello es imprescindible hacer el trabajo mejor o al menos igual que nuestros competidores. Desgraciadamente no se puede contemporizar frente a la falta de resultados, porque eso pondría en riesgo la continuidad de las empresas que así actuasen.

De este modo, ésta es la base para tomar decisiones de terminación de contrato, ya que la competitividad externa requiere de la exigencia interna para que en cada posición esté el profesional más adecuado para contribuir con su trabajo, a la consecución de los resultados de la compañía.

Sin embargo, aunque parezca mentira, hay razones positivas para el colaborador en una desvinculación a tiempo. Si asumimos que la causa de la desvinculación es el bajo rendimiento, genéricamente éste se puede deber a un inadecuado encaje entre el perfil del colaborador y la posición o una falta de compromiso y entrega por parte del colaborador. Ambas situaciones cuanto antes se resuelvan, dejarán al colaborador más capacidad de reacción, por el contrario, cuanto más se contemporice frente a ellas, más descolocado dejará al colaborador para un próximo paso laboral.

Muchas desvinculaciones se inician el mismo día de la contratación porque se selecciona incorrectamente y cuando esto ocurre, en muchos casos la situación es irreversible. Y es muy fácil equivocarse en la selección porque todavía no es un proceso que se pueda hacer por ordenador con fiabilidad 99.99999%, sino que es un proceso donde la urgencia, la falta de definición correcta de lo que se necesita, la incapacidad para evaluar a quien se tiene enfrente en un par de entrevistas y algún otro factor más, facilitan el error en la elección.

Esta apareciendo cada vez más un nuevo elemento en las desvinculaciones, que es la reducción de plantilla, donde el punto de partida es la necesidad de desvincular un número determinado de colaboradores, independientemente de su rendimiento. El proceso es el mismo para el manager, pero antes de comenzar las desvinculaciones individuales debe seleccionar a los candidatos. Es muy importante que su criterio sea puramente profesional en esa selección.

Abundo en el punto de la sorpresa que el articulo menciona. Si realmente es una sorpresa para el colaborador, el manager no ha hecho su trabajo, porque todos tenemos el derecho de conocer lo que nuestra compañía piensa de nosotros y las posibilidades de carrera profesional en ella. Debo reconocer que en este sentido he visto una gran evolución y cada vez son más las compañías que tienen establecido el sistema de evaluaciones y consecuentemente todos los empleados tienen su evaluación anual.Y aunque esto no quiera decir que todas las evaluaciones estén bien hechas, ni que los casos potenciales de desvinculación estén correctamente planteados, se han disminuido drásticamente el número de sorpresas que hace 20 años eran un lugar común.

Las evaluaciones rigurosas son la herramienta que el manager debe utilizar para que de una forma periódica sus colaboradores reciban tanto una calificación como un plan de mejora, y para que sean claramente conscientes de su futuro a corto plazo: o están haciendo su trabajo bien y su plan de mejora es para consolidarles, o no están haciendo su trabajo bien y el plan de mejora es corrector con posibles consecuencias de desvinculación si las cosas no evolucionan favorablemente.

En cuanto a la entrevista de desvinculación, en el caso en que se llegue a esa situación, debe ser puramente informativa porque si todo el proceso ha sido realizado adecuadamente, la desvinculación es el final de un proceso compartido, bien explicado y que forma parte del plan de mejora corrector.

Ah, no quiero olvidar el hecho de que informar al colaborador de su desvinculación es responsabilidad indelegable de su manager y no vale pasar esa responsabilidad a RRHH, lo que no quiere decir que RRHH no sea un excelente apoyo para el manager en todo el proceso.

¿Se cometen errores al tomar esas decisiones? seguro que sí, nada es infalible, pero esto no sería razón ni excusa para dejar de tomar ese tipo de decisiones como ninguna otra que cada manager tienen que tomar cada día.

Las edades del manager

Hoy voy a definir las fases que se suceden en la carrera profesional de un manager, que aunque es algo que no me gusta demasiado, porque la carrera es continua y establecer las fases es algo teórico, sin embargo creo que ese encasillamiento puede ayudar a ver la evolución de los aspectos básicos del management, a lo largo de la carrera. De este modo, me gustaría dejar claro que no es lo mismo evolución que ascenso y de hecho el ascenso debería seguir a la evolución.

De todos los aspectos que caracterizan a un buen manager voy a elegir algunos de los que considero más significativos :

  • Background : La preparación y habilidades personales del manager.
  • Conocimiento de negocio: Se construye desde un determinado conocimiento funcional y se convierte en uno de los elementos claves para la evolución. Es un elemento básico para desarrollar el criterio del manager.
  • Técnicas de management: Planificación, estrategia, ejecución, comunicación, capacidad de síntesis, etc.
  • People management: Sin este aspecto nunca se llegará a ser un buen manager, ya que tienen que entender que su equipo debe tener espacio y él se debe mostrar comprometido con su desarrollo.
  •  Experiencia : La experiencia irá desarrollando y mejorando el criterio del manager, así como sus decisiones irán mejorando a medida que mejora su criterio, aunque esas decisiones se verán afectadas por su madurez.  En las primeras fases serán decisiones más valientes, que luego se irán atemperando y haciéndose más prudente, porque la madurez aumentará su sensibilidad hacia las consecuencias no deseadas de las decisiones. La experiencia es finita y llegado un momento, se convierte en un factor bloqueante y negativo.

De este modo, las fases serían las siguientes:

Manager potencial: Esta fase debe ser lo más larga posible ya que la carrera profesional es también muy larga. Estamos en una época donde las estructuras se achatan y las nuevas posiciones de management escasean y es por este motivo por lo que no se debe tener prisa en tomar la decisión. Se debe aprovechar el buen hacer del empleado en su posición actual y alargar un poco más de lo que podría parecer razonable.

Nuevo manager : Una fase delicada porque en ella es básico el apoyo al nuevo manager por parte de la persona que le ha nominado, para que sus primeros pasos sean los correctos y no adquiera vicios irreversibles. El nuevo manager debe tener personalidad y valentía para asumir las responsabilidades de su role, pero tiene que ser consciente que le queda todo por aprender. Es importante que desde el inicio afronte el manejo de su equipo con interés y que desde el primer momento entienda que dirigir es tener el mejor equipo posible, siendo el resto de factores importantes, pero complementarios.

Quizás este nuevo manager tenga mucho más conocimiento que otros managers con más experiencia y con mayores responsabilidades, pero debe respetar esos perfiles porque le ganan en experiencia.

Manager en evolución ascendente: El aspecto fundamental para su crecimiento es su evolución en people management, y es un periodo muy interesante ya que aunque el manager no ha llegado a su plenitud y todavía esta corto de experiencia, sigue ilusionado por nuevos retos. Es todo motor, ambición, valentía y agilidad en la toma de decisiones.

Manager en plenitud: Esta es la etapa en la que se produce la mayor contribución del manager y en la que debe asumir la máxima responsabilidad de su carrera. La duración de esta fase dependerá mucho del “estado de forma” del manager y de su capacidad para mantener vivos los registros de ilusión de la fase anterior ahora con mayor madurez. Tiene que mantener también vivas sus ganas de aprender.

Manager maduro: Aquí se suele llegar una vez rebasado el punto de inflexión en la etapa anterior. Todavía se es un buen manager capaz de seguir contribuyendo significativamente, pero sus responsabilidades no deberían aumentar sino que se deberían adaptarse a su competitividad real. Las posiciones a ocupar en esta fase deberían ser acotadas en el tiempo desde el primer momento y por supuesto ser tanto reales como con contribución relevante. Sin embargo, tanto el manager como su jefe deberían ser conscientes que esta debe ser la última fase y conjuntamente deberían buscar alternativas distintas de la desvinculación. Pero  mi experiencia me dice que estas situaciones se suelen manejar mal, porque el manager se aferra a su posición y teme desencadenar el final y los responsables de decidir sobre esa persona tienden a contemporizar con excelentes y sólidos argumentos humanos (post forward to the past http://elmalabar.es/2012/02/08/forward-to-the-past/ ). Pero este es un camino erróneo que lleva a la última fase.

Ex manager en activo : El manager maduro que insiste mas allá de donde su competitividad recomienda, va degenerando en un zombi que es mantenido artificialmente en posiciones que ya no le corresponden. Así, acaba en un cementerio de elefantes o habita en una casa de acogida o incluso se le mantiene en su posición con el consiguiente quebranto para los resultados del equipo y para la moral de sus componentes. Tampoco es un buen ejemplo para los manager con verdadero potencial de la organización, que son conscientes de que sus carreras se ven o se pueden ver truncadas por esta política.

Para los que toman decisiones, la duraciones de las fases se deberían alargar mientras que el manager no ha llegado al punto de inflexión de su desarrollo, para acortarse después de este y manejar correctamente la fase de maduración para evitar llegar a la última fase.

Para terminar, dejado representadas a modo de tabla, las ideas desarrolladas en este post. Hay que considerar que las valoraciones son relativas (un manager en plenitud tendrá todavía un conocimiento alto pero comparativamente menor que las nuevas generaciones).

Una nota discordante sobre Liderazgo

Liderazgo o condición de líder se utiliza con profusión como característica , hilo conductor y destino de un manager . Sinceramente me parece fuera de lugar porque la condición de líder es innata y no se puede enseñar , el que la tiene la desarrolla pero el que no la tiene difícilmente la tendrá .

Me tomo muy en serio el desarrollo de managers y por eso me parece una tomadura de pelo que se hagan estos planteamientos tan rimbombantes pero que a la vez son tan disuasorios para muchos managers intermedios, o directores y dueños de compañías pequeñas y medianas que ante semejante planteamiento se inhiben de esa formación que tanto necesitan,  pero que tal como está diseñada no creen que sea para ellos. Una situación comparable seria que una Autoescuela hablase de pilotar un F1 como enfoque de formación para aprobar el carnet de conducir.

Pero la buena noticia es que para ser un buen manager no es necesario ser un líder, para ser un manager hay que :

  • Tener ganas de ganar
  • Saber gestionar recursos
  • Establecer y seguir una cultura del esfuerzo
  • Influir a través de una buena comunicación
  • Buscar sin descanso tener a los mejores profesionales en el equipo

Y para ello hay que:

  • Conocer las herramientas de gestión para crear, ejecutar y controlar  un plan
  • Crear unas normas de funcionamiento
  • Comunicar formal e informalmente el plan y las normas de funcionamiento
  • Ser cercano y estar disponible para hablar con todo el mundo
  • Ser consistente en la ejecución  con el plan y las normas, y predicar con el ejemplo
  • Dejar espacio para que los componentes del equipo ejerzan su responsabilidad y crezcan profesionalmente sobre esa base
  • Utilizar con rigor las evaluaciones y planes de desarrollo

Si el manager conoce las herramientas , aprende a dirigir gente y va desarrollando su criterio para tomar decisiones adecuadas en el momento oportuno será un buen manager y como veis en lo dicho hasta ahora no hay la mínima mención a liderazgo. Que un manager además tiene cualidades innatas de líder , pues le costara menos trabajo dirigir y quizás podrá llegar a una posición mas alta en su carrera profesional.

Y qué fina es la línea que separa aparentemente al líder del cantamañanas y que desproporción numérica existe entre unos y otros , los lideres son muy pocos pero los que se  invisten de líderes después de haber asistido a un par de cursos son legión, aunque el vestido no es tal, sino un disfraz que encubre personas dicharacheras , extrovertidas y auténticos cuentacuentos http://elmalabar.es/2012/05/09/los-cuentacuentos/

Liderazgo da glamour a la posición de manager y lustre a la aburrida formación,  pero un profesional tiene que llegar a ser manager por su vocación y pasión por el desarrollo de personas, y asumiendo que no es una posición glamurosa  aunque quizás sí bien pagada , sino una posición sacrificada en la que recibes mucho menos de lo que das si realmente eres un manager comprometido con tu empresa y con tu equipo.

Se necesitara un líder en el inicio desde cero de un proyecto que tenga un alto componente innovador pero hoy en España el 90% de los managers no están enredados( y quizás nunca lo estarán) en esos menesteres sino que se suben en proyectos que ya ruedan y en los que se les pide que gestionen una parte.

Y desde luego hoy, año 2012, la prioridad es conseguir resultados a corto plazo , algunas veces bordeando la supervivencia. Dame buenos managers aunque nunca lleguen a ser líderes y Dios me libre de los “líderes” que no saben dirigir.

Los Corchos

Hace años, le escuché a un amigo por primera vez el término corcho en referencia a managers de una compañía y me lo adueñé, porque me parece la mar de elocuente hacia la carrera profesional de algunos managers. Un corcho es un manager que independientemente de cómo vayan las cosas e independientemente de su performance, siempre se mantiene a flote. Estos corchos son fáciles de identificar, porque ocupan posiciones envidiables pero cuando analizas su dilatada carrera, te cuesta muchísimo trabajo encontrar alguna aportación real.

En aquellos tiempos donde todo valía, el corcho era una cara más de las muchas que adoptaba la improductividad y por tanto, parte del escenario general. Pero ahora, cuando parece que se empieza a cuestionar la improductividad, es el momento de identificar estos comportamientos y erradicarlos de las organizaciones, porque como dice Sabina “con perdón no perdí una hija sino que gane un cuarto de baño” que traducido sería “no perdí un manager sino que gane una plaza de aparcamiento”.

El secreto de la flotabilidad es su aversión a asumir  responsabilidades, característica que les hace inmunes a los fracasos  y por tanto les posiciona fuera de la zona de peligro. El segundo elemento, es un protector en la figura de un manager que valora la “lealtad ” por encima de todo.

Hay dos itinerarios para llegar a ser un corcho. El primero está relacionado con las organizaciones complejas que dan pie a responsabilidades poco claras y de las que las compañías multinacionales son el mejor ejemplo a no seguir. El segundo está basado en las redes perversas que existen en las compañías en las que prima la lealtad hacia el jefe de un clan que es parte de una red, en la que cada vez más, se van diluyendo los intereses de empresa en favor de los particulares de los componentes de la red (muy ilustrativa la dinámica de los partidos políticos, pero que también ocurre en las empresas).

Los corchos de la primera categoría se han desviado de una mejor carrera profesional porque tanto en las multinacionales como en las organizaciones matriciales y verticalizadas, se crean continuamente posiciones globales que se implantan en los países y que tienen responsabilidades “compartidas”, con un role caracterizado por intermediar entre su jefe del headquarter y los responsables reales de negocio en el país.

Por otro lado, también se crean tanto puestos artificiales como proyectos ad hoc, que nunca están dentro de las Unidades de Negocio y por tanto carecen de responsabilidades, siendo ideales para los corchos. Si un corcho  tiene suerte y su compañía puede invertir en temas “estratégicos”, el corcho habrá encontrado la horma de su zapato  pudiendo pasarse  toda su vida de un proyecto a otro, sin hacer realmente nada útil pero quizás llegando a ser miembro del comité de dirección.

Otras veces el acorchamiento se inicia a través de las posiciones de Program Managers, muy comunes en grandes multinacionales y en muchos casos necesarias, porque un top manager en un país, tiene que lidiar con ingentes tareas asociadas a su relación con el HQ. Hasta ahí perfecto, el problema es cuando esas posiciones se categorizan muy alto, equiparándola con managers de negocio o funcionales con autenticas responsabilidades. Las posiciones de  Program Manager  son puro staff y se deben utilizar para que managers de categorías inferiores tengan la posibilidad de aprender ayudando a un director general, por ejemplo, y para que ese manager con potencial tenga un training on the job para su desarrollo, sin embargo, nunca se debe convertir en una carrera profesional per se.

Los corchos de la segunda categoría no suelen tener buen CV porque lo básico para mantener su línea de flotación es la lealtad a su jefe, por lo que su evolución estará relacionada a la progresión de su jefe. Si se les empieza a ver el plumero, su protector hablará con otro miembro de la red perversa y le buscarán una nueva posición, por supuesto del mismo rango, sin perder ningún privilegio y donde pueda seguir su carrera.

Hay otro aspecto importante a considerar, que tiene que ver con las estructuras organizativas  de la compañía, en las que cada vez más, se restringen el número de managers en cada categoría. Es aquí donde está el auténtico drama, porque el puesto de dudosa legitimidad que ocupa el corcho impide que se cree una posición productiva en otro lugar de la organización , y un manager inmune al acorchamiento que quiere asumir más responsabilidades no puede hacerlo porque está cubierto el cupo y quizás se vaya de la compañía para buscarse un sitio adecuado a su capacidad actual.

Las acción de descorchar se hace muchas veces para celebrar, y quizás ahora hay pocos motivos para celebraciones, pero yo os recomiendo hacer este tipo de descorche porque es muy ventajoso para vuestras compañías y hace que estas sean más atractivas para sus empleados.

Los Cuentacuentos


La profesión de cuentacuentos la descubrí hace años y no sólo disfruté escuchando historias interesantes sino, sobre todo, admirando la capacidad de entonación e interpretación que produce un impacto comunicativo excelente. Más tarde me di cuenta que ésa era una profesión que yo ya conocía en el ámbito empresarial, donde se encuentra embebida en la forma de hacer de malos managers y que por tanto, nunca me había causado admiración sino rechazo total.

La falta de confianza, la cobardía y la sumisión producida  por una  organización que se basa en el nepotismo, son las vías de entrada a la senda del cuentacuentos. Sin embargo, no todos los malos managers sirven para ello, porque se necesita además una cierta habilidad de comunicación, que en caso de no existir, afea muchísimo la actuación del  manager. De este modo, el manager ya no es un verdadero cuentacuentos, sino que simplemente se convierte en un “correveidile”.

La ambigüedad en este asunto, se encuentra en el entorno en el que se mueven estos personajes. Aún así tiene su cierto mérito, porque a mí por ejemplo me resultaría imposible manejarme en estas situaciones donde no existe ni un plan (y si existe es testimonial)  ni criterios (y si existen, no se comparten y por tanto no se usan) y donde, como dice un amigo, allí manda el Ibex con los valores cotizando cada día.

A pesar de todo, ser capaz de vivir en la ambigüedad tiene su premio, porque te evita tomar decisiones, permite arrimarte siempre al sol que más calienta y no tienes que significarte y tomar el riesgo de equivocarte. De esta forma, puedes acomodar todas las decisiones que te imponen desde arriba, que serían infumables y a todas luces absurdas, si existiesen tanto unos criterios como la costumbre de seguirlos o al menos considerarlos.

El gran aliado de la ambigüedad es la “retórica” o más bien, el arte de embaucar. Para mí la retórica es una práctica excelente y muy aconsejable, pero cuando se aplica sobre causas sólidas y no cuando se utiliza ese arte de embaucar como alternativa a la razón y los criterios.

El equipo que trabaja con un cuentacuentos en un entorno ambiguo está condenado al fracaso, aunque en determinados momentos, las condiciones de mercado son benévolas incluso con esas actitudes. Además, si esa persona no decide abandonar ese equipo, a medio y largo plazo verá coartada su carrera profesional por esa experiencia que le habrá marcado para siempre.

He leído en estos días “El enredo de la bolsa y la vida” (Eduardo Mendoza), novela ágil, entretenida y con retranca. De ella he sacado un párrafo que no tiene desperdicio como ilustración de una situación donde se maneja la ambigüedad en extremo pero aderezada con el arte de embaucar, construyendo un bonito y estructurado discurso, que no dice nada.

“Este intercambio de ideas ha sido muy provechoso y os agradezco a todos vuestras respectivas aportaciones. Ni una sola ha caído en saco roto, os lo puedo asegurar. Es cierto, haciendo balance de la situación, que parece que no hayamos avanzado, y es muy probable que no hayamos avanzado. Incluso es posible que hayamos retrocedido, cosas ambas difíciles de determinar cuando no se conoce el punto de partida ni el objetivo último de nuestro caminar. Pero también puede darse lo contrario, es decir, que hayamos avanzado sin darnos cuenta. Bien es verdad que avanzar sin enterarse de que se avanza es lo mismo que no avanzar, al menos para el que avanza o pretende avanzar. Visto desde fuera es distinto. Aun así, yo abrigo la esperanza de que este avance, real o imaginario, dentro de poco nos conducirá a la solución definitiva o, cuando menos, al principio de otro avance. Hasta ahora una cosa hemos hecho: meter el dedo en el avispero. ¿Quién mete a sabiendas el dedo en un avispero?, me preguntaréis. Un imbécil, sin duda. Pero lo del avispero lo decía en sentido figurado. Dicho lo cual, pasaré a analizar varias opciones”.

La conclusión es que el cuentacuentismo es un camino sin retorno y en absoluto recomendable, por lo que os aconsejo huir de esa práctica y alejarse de aquellos que lo practican. Buscad y utilizad tanto un buen guion como criterios y consistencia con el mismo, que si está envuelto en una magnifica comunicación, perfecto.

¿Por qué no soy aun del Barça?

Varios amigos me han hecho esta pregunta esta semana después del nombramiento de Tito Vilanova como sustituto de Guardiola, por su significado como política de promoción interna. Quizás no soy del Barça porque a los 3 años de edad ya era socio del Madrid y porque miro al Barça fundamentalmente como una fuente de ilustración de mis ideas sobre el management, las cuales veo continuamente reflejadas en ese club durante los últimos años. Por otro lado,  como aficionado, al fútbol debo reconocer que juegan de maravilla.

Estaba seguro que Pep se iba, pero me ha sorprendido la nominación de Tito, no porque no sea lógica, sobre todo para mis preferencias, sino porque ese tipo de decisiones no se suelen tomar. Incluso diría que me ha molestado no adivinarla, porque en los últimos años el Barça ha dado sobradas muestras de su apuesta por la promoción interna dentro de un contexto más general de coherencia, con un planteamiento de actuación.

Felicidades a quien haya tomado la decisión, ya que además de ser coherente apostar por la cantera, es un elemento motivador para todos los técnicos del Barça, al igual que las apariciones de canteranos  recién llegados en partidos decisivos, es una motivación para todos los futbolistas de las categorías inferiores.

En la vida de cualquier profesional, pero desde luego en la de un manager, existe tanto una evolución en la aportación que el manager hace al puesto que ocupa, como una contraprestación  en la experiencia y enseñanzas que saca de él. En un principio existe un desequilibrio a favor del manager, pero a  medida que este se va haciendo con la posición se produce un balance, que tenderá a desequilibrase a favor de la posición, si el manager es realmente bueno. De este modo, si el manager se perpetúa en el puesto sin que él tome la decisión de irse o alguien le remueva, se entrará en una fase de encefalograma plano donde ni la posición ni el manager sacan ningún beneficio.

Un manager ambicioso, cuya ambición esté sustentada en una contrastada valía y un potencial de crecimiento, tiene que ser capaz de decidir el momento en el que debe dejar una posición para afrontar un nuevo reto profesional. Y ese momento está marcado por el correcto balance mencionado en el párrafo anterior evitando llegar a una situación en la que el manager no aporte nada y tampoco aprende,  y la decisión de Pep lo ilustra magníficamente.

Pep ha conseguido todo en cuatro años como entrenador, por lo que a partir de ahí, cualquier resultado que consiguiese en el futuro estaría condicionado por sus éxitos pasados y solo podría ir a peor,  aún consiguiendo buenos resultados, por encima de la media de lo conseguido por los entrenadores del Barça o mejor que su eterno rival. Él mismo estropearía su hoja de servicios (cosa que estoy seguro que no quiere hacer)  y ni el equipo, ni el club, ni la afición sentirían esa sensación que hoy sienten, sino que pensarían que cualquier tiempo pasado fue mejor y poco a poco esta situación se iría retroalimentando hacia peor.

Este no es el proyecto Guardiola sino la etapa más brillante del proyecto de Cruyff. Guardiola se ha incorporado a él y lo ha hecho explotar por su pasado culé, su alineamiento con las tesis de Cruyff y su “preparación a través de toda la escala” (desde recogepelotas a entrenador del segundo equipo, pasando por todos los escalones intermedios), que es algo que hasta ahora no había ocurrido.

Todo manager ambicioso y vivo necesita retos continuos donde siga siendo capaz de aprender y progresar, por lo que para ello, tiene que ir abandonando, a su debido tiempo, terrenos conquistados por nuevas aventuras. De este modo, la nueva aventura de Guardiola  es ser capaz  de repetir sus éxitos fuera del Barça, con los mismos registros o con otros. Este nuevo proyecto le  llevará más de cuatro años y seguro que le costará llegar a los primeros triunfos, pero para él significará un crecimiento como entrenador, que en su etapa actual estaba ya agotado.

Sería positivo que algún equipo, a poder ser español y me encantaría que fuese el Madrid, diera a Pep la oportunidad de desarrollar un proyecto como el que Cruyff, pero que sea suyo.

Por último, en cuanto a la decisión de Tito, es la correcta, lo que no quiere decir que salga bien porque ni esa decisión ni ninguna alternativa estaría libre del posible fracaso. Se ha elegido a Tito por continuidad y porque seguro que reúne las condiciones necesarias para dirigir, pero está por ver si es capaz de hacerlo.  Si sale bien, como observador estaré contento, si sale mal lo estaré como madridista.

Las decisiones

La vida del manager está íntimamente relacionada con las decisiones, y la toma de decisiones se podría definir como una técnica o habilidad, a lo que yo añadiría los calificativos de horizontal y básica. Horizontal, porque se debe aplicar en todas las funciones que el manager realiza (planificación, ejecución, con su equipo….) y básica, por la intensidad con la que se debe utilizar esa habilidad  y además desde el primer momento que el manager ejerza.

Si no fuese porque he conocido muchos managers que no toman decisiones, me habría atrevido a decir que la falta de esta habilidad es descalificante para dirigir. Sin embargo, sí me atrevo a decir que nadie será un buen manager si no se siente cómodo y es ágil en la toma de decisiones, lo cual significa dicho llanamente, que a los managers les pagan por decidir.

Para mí hay cuatro claves para tomar decisiones: marco, capacidad de síntesis, criterio y diligencia.

En primer lugar, si no existe un marco de referencia no es posible tomar una buena decisión. Muchas de las decisiones que se perciben como difíciles es porque sin estrategia no hay táctica posible, porque si no sabemos hacia dónde vamos, no podremos decidir qué camino elegir, y si no hemos definido unas normas de comportamiento ¿cómo juzgar las actuaciones? Pero el marco requiere rigor y muchas veces los managers débiles no son consistentes con ese marco si se requiere una decisión complicada.

En segundo lugar, el manager tiene que tener capacidad de síntesis para que en una determinada situación, considere toda la información disponible y de ella extraiga lo fundamental para luego sobre ese núcleo, pueda aplicar su mejor criterio y tomar la decisión adecuada. Sin esa capacidad de síntesis y con las dosis normales de pérdida de compostura frente a un problema, la situación se vuelve tan caótica que es materialmente imposible decidir.

El tercer elemento es el criterio, que se va desarrollando cuando se va acumulando experiencia, aunque siempre vienen bien unas  cualidades naturales sobre las que construirlo. Es importante la capacidad de relacionar toda la información, la síntesis de la que ya hemos hablado y los “punteros”, hacen que surja espontáneamente en tu cabeza toda la información que tiene relación con la situación a la que el manager se enfrenta.

El cuarto y último elemento, la diligencia. No se puede ser perezoso ante una decisión y es fundamental tomar la decisión en el momento adecuado, porque cuando estamos ante un problema, el tiempo per se no soluciona las cosas y en general las situaciones tenderán a empeorar.

 Cuando la decisión es importante, hay que tomarla sin precipitación pero cuanto antes, porque habrá mucha gente pendiente de ella de manera intranquila. Y olvidaos esperar a tomar decisiones cuando tengáis  toda la información, porque eso es imposible. Siempre se decide con información parcial que trataremos que sea relevante y suficiente, pero  hay que dar prioridad al momento adecuado de la decisión frente a la cantidad de información disponible.

Y no hay decisiones “limpias”, porque toda decisión tiene consecuencias no deseadas y aspectos negativos pero si la decisión mejora nuestra situación y es consistente con el marco , hay que tomarla

Solo hay un tipo de decisión a tomar y por tanto en todos los casos, aquel que tiene las cuatro claves será  exitoso en este menester. La única diferencia entre unas decisiones y otras vienen marcadas por  el rango de personas sobre las que tendrá impacto y la criticidad de esa decisión  para el negocio.

No es lo mismo manejar un equipo de 5 personas dentro de una función determinada,  a ser el director general de una compañía de 1000 empleados. No obstante, la experiencia del director general  será mucho mayor que la experiencia del responsable de departamento, por lo que para cada uno de ellos el nivel de dificultad será el mismo y las mariposas en el estomago deberán  ser similares.

Dejadme que trate uno de los inhibidores frente a la toma de decisiones: la impopularidad. Este factor condiciona a mucha gente a la hora de decidir porque son demasiado sensibles a lo que puedan pensar los impactados e intentan quedar bien. Esta actitud me parece errónea porque la sensibilidad esta fuera de lugar, ya que quien toma la decisión tiene toda la información mientras que los impactados no, lo cual en muchos casos imposibilita a éstos para juzgar correctamente. Y para gustos, los colores, que los managers tengan claro que es imposible contentar a todo el mundo.

Otro inhibidor “bondadoso” es la democracia. La tildo de bondadosa porque quizás quien así actúa lo hace con buenas intenciones, pero en línea con el párrafo anterior es otra actitud populista que como casi todo lo populista, nunca lleva a buen puerto.

Apuesto tanto por la comunicación como por la proximidad del manager con su equipo y su organización. En este sentido, me gusta comentar los aspectos de una decisión importante con todos aquellos que considero que me pueden aportar información pero con dos precisiones, comentar no significa consultar, y preparar la decisión no es decidir. Un no rotundo a las decisiones democráticas, las decisiones son personales e intransferibles.

Me queda un último comentario para aquellos que son indecisos y que esperan o que las situaciones se solucionen con el tiempo, o que alguien decida por ellos. Tomando la última opción, se consigue tener a alguien a quien culpar si las cosas salen mal, aunque estoy seguro de que este manager se apuntará cualquier triunfo.

Muchos managers indecisos no se atreven a tomar la decisión por miedo a equivocarse, por lo que contemporizan sin decidir. Sin embargo pensad que una decisión tiene que ser rematadamente mala para que haga más daño que la situación mantenida sin decisión y desde luego un manager que toma decisiones malas mejorará con el tiempo y el coaching adecuado, mientras que el indeciso tiene contados sus días como manager.

Está claro que hay que tomar muchas decisiones en la carrera del management y si son buenas, mejor que mejor.