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La contraprogramación

Creo que “contraprogramación” es un término que tiene que ver con las batallas de audiencia en medios pero que yo siempre he utilizado con mis equipos en sentido peyorativo, para describir situaciones donde se trata de conseguir una ventaja absurda por parte de alguien frente a un planteamiento que se ha realizado con una lógica.

De este modo, lo traigo aquí y ahora, porque he recibido un par de sugerencias (gracias Jose Ramón y Mariano) que tienen que ver con comportamientos de dos colectivos muy importantes en un negocio: la fuerza de ventas y la distribución.

La sugerencia de Mariano es mas genérica mientras que la de Jose Ramón es muy específica, y aquí transcribo parte de ella: “Y analizar situaciones como la de procesar pedidos a final de ejercicio para obtener la cuota y ganar los premios correspondientes, para abonar posteriormente durante el ejercicio siguiente o aprovechar un cambio de empresa para salir, dejando lo que es conocido como un marrón perfumado a rayas”.

Ya he hablado de incentivos en dos post con dos ideas básicas. La primera es que el incentivo debe estar adaptado al máximo a cada persona y categoría profesional, ya que no vale pagar contra el resultado de ebitda a la mayoría de la plantilla, cuando su labor directa esta poco o nada relacionada con esa métrica y además existiendo probablemente otras métricas mucho más relacionadas con la actividad y cuya consecución puede incentivar (http://elmalabar.es/2012/02/22/del-ebitda-al-incentivo-individual-de-cada-empleado/). La segunda idea es que los incentivos se ganan si, y solo si, se consigue el objetivo asociado, lo que responde a una precisión matemática y nunca a una interpretación: si he trabajado bien y no he conseguido el objetivo, he hecho lo que debía y por eso me pagan un sueldo, pero por el contrario si no he conseguido el objetivo, el esfuerzo no es suficiente para cobrar el incentivo.(http://elmalabar.es/2011/05/24/%c2%bfes-suficiente-el-esfuerzo-para-cobrar-los-incentivos/)

Cuando un equipo de dirección plantea un incentivo intenta que esté alineado con la estrategia y los objetivos de la compañía. Así, al menos en España, donde la picaresca es una práctica que aunque ancestral, todavía está muy arraigada, ese equipo de dirección trata de evitar todo tipo de agujeros en esa política que permitirían conseguir el incentivo, sin conseguir los resultados o consiguiendo los resultados pero con un coste más alto o con unas consecuencias adversas a la estrategia.(http://elmalabar.es/2012/03/14/el-ingles-sin-esfuerzo-y-el-seguro-de-empleo/)

De esta forma, en cuanto se publica la política de incentivos se constituye, física o virtualmente, un equipo que contraprograma esa política, buscando (y casi siempre encontrando) sus agujeros  y buscando también ideas para conseguir con el mínimo esfuerzo el máximo de rendimiento.

Igualmente ocurre con el departamento de marketing, que cuando lanza una promoción para la red de distribución con su plan de comisiones asociado, la contraprogramación responderá inmediatamente para lastrar la promoción para favorecer sus propios intereses.

Por mi parte, respeto muchísimo tanto a las fuerzas de ventas, de las que siempre me he considerado un miembro de pleno derecho, como a los distribuidores, auténtico brazo armado de las organizaciones para complementar eficientemente las políticas comerciales de las empresas. Esto es una crítica a aquellos que dentro de esos colectivos actúan de esa manera y que desgraciadamente en algunos casos son bastantes. Y vaya por delante que estas situaciones ocurren por culpa de los directores comerciales que son los responsables únicos de fijar esas políticas y de gestionar a sus equipos para que las implementen adecuadamente.

¿Y por qué suceden estas situaciones? Primero por falta de  fortaleza y decisión en el manager, que se deja llevar por el agobio de unos resultados que tiene que conseguir y que no tiene la valentía para afrontar de cara. Fijaos en que no se me ocurre esgrimir como razón que la política de incentivos o comisiones sea incorrecta, ya que esas políticas una vez definidas son infalibles y no se deben cuestionar, aunque algunas veces adolecerán de dificultad y otras adolecerán de facilidad, pero en cualquier caso siempre te encontrarás rendimientos diferentes frente a la misma política.

Con esto no quiero decir que todo vale y que a la hora de fijar la política no se deba hacer con rigor e intentando acertar, pero lo importante viene a partir de ahí:  hay que hacer una buena comunicación de la política, hay que poner en marcha planes de acción que lleven a los objetivos, hay que centrarse en controlar que la acción se ejecute y finalmente hay que administrar la política sin interpretación.

El resto de las razones, para que estas situaciones se den, están en el lado del vendedor y distribuidor. Nos gusta jugar con ventaja y parece que somos bobos si no intentamos engañar al sistema buscando la ley del mínimo esfuerzo, de modo que seremos tachados dentro de nuestro colectivo de ventas o de distribuidores de pusilánimes y vendidos a la empresa, si trabajamos con los planteamientos de la política comercial.

Frecuentemente nos cargamos de razón ante la empresa, ninguneamos su labor comparada con la nuestra y a partir de ahí, todo vale. El vendedor dirá que vende a pesar de la empresa,  que si no fuera por él todo se iría al carajo y que nadie le va a decir a él como “vender a sus clientes”. También dirá nadie le va a impedir que meta un pedido que todavía no es pedido porque él ha hecho su labor y la culpa no es suya sino de los de marketing que han fallado o los de desarrollo han hecho no se qué cosa, pero que ese no-pedido es un pedido como la copa de un pino y hay que contarlo a todos los efectos. Todo esto que a algunos les puede parece exagerado, muchos sabéis que es real como la vida misma y estaréis de acuerdo conmigo en que este comportamiento es deleznable, tan deleznable como el de algunos jefes de estos fenómenos que defiende la causa de su pupilo.

En la distribución, donde la mayoría de las compañías son pequeñas o muy pequeñas si se las compara con su proveedor, se cargan de razón por esa diferencia. Además, determinados comportamientos de empleados del proveedor alimentan objetivamente esa sensación de ser un parias frente a un empleado de la gran multinacional.

Personalmente, siempre he valorado el papel de la distribución y nunca he consentido actitudes prepotentes frente a ellos ya que aprecio su capacidad de emprendimiento jugándose su dinero por mi compañía. No obstante, es un error que un distribuidor no intente estar alineado con su proveedor, ya que su dependencia de él es muy alta. Por otro lado, también es un error que no trate de profesionalizar su compañía, porque cuanto más alineado está y más profesional sea, le va a salir a cuenta seguir las promociones y las políticas de comisiones tal como están diseñadas. Pero finalmente, si adolece de alineamiento y profesionalidad, tendrá que recurrir a la contraprogramación, y ese es un camino de no retorno.

Por favor, no a la contraprogramación y pongamos todo nuestro esfuerzo alineado con los planes, y si no nos gustan protestemos a posteriori para que el siguiente sea mejor.

M&M: ¿Lista de invitados o menú?

M&M no es una abreviatura que tenga nada que ver con Management, Merge o cualquier otro vocablo relacionado con la actividad empresarial, sino que se refiere simple y llanamente a los caramelos de esa marca.

Voy a escribir sobre reuniones de trabajo pero voy a apalancarme en el anuncio de estos caramelos que están emitiendo en televisión. Dos M&M corriendo a contra cinta en un supermercado, tratan de huir de una cajera. Cuando han sido capturados y se encuentran en las bolsas de la compra, el más optimista mira al ticket de caja y le dice a su compañero “mira estamos en la lista de invitados” y el compañero sarcásticamente le aclara que es el menú.

Viéndolo me ha venido a la cabeza la analogía con algunas reuniones donde alguno de los participantes se cree que está en la lista de invitados, pero que realmente va a ser carnaza para éstos.

Las reuniones tienen la tendencia natural a ser bastante inútiles, aunque el organizador las convoque con la mejor voluntad, por lo que si no se pone cuidado a la hora de organizarlas está garantizada la pérdida de tiempo.

Quien la convoca tiene que hacerlo: para tomar una decisión, para discutir un tema o para informar; y no tiene que hacerlo para su lucimiento personal o para sentirse importante. Así, decidir no es discutir, ni discutir es informar, ni por supuesto informar es tomar decisiones.

La reunión se debe conducir procurando que los participantes se sientan cómodos y estén tranquilos, para que en ese entorno den lo mejor de ellos mismos. Del mismo modo, el conductor debe evitar escenificar desencuentros, descalificar a quien opine y cobrarse deudas pendientes.

En el libro “No abras los ojos” de John Verdon  me encontré un párrafo que hacía referencia a una reunión de trabajo en una comisaria en la que uno de los participantes, a la salida, perfila a los asistentes:

“No ha ido mal. Un público variopinto: todos los tipos básicos. Siempre está el grupo cauto, los que esperan y observan, los que creen en decir lo menos posible. Los pragmáticos, que quieren saber exactamente cómo pueden usar toda la información que les das. Los minimalistas, que quieren saber lo menos posible, implicarse lo menos posible, hacer lo menos posible. Los cínicos, que quieren demostrar que cualquier idea que no se les ha ocurrido a ellos antes es una estupidez. Y, por supuesto, el grupo «positivo», que es probablemente el más numeroso, los que quieren aprender todo lo que puedan, ver más claramente, convertirse en mejores”.

 Posiblemente falte algún perfil y quizás algunos de ellos se podrían definir de otra manera, pero en casi todos las reuniones se encuentran casi todos.

Los cautos no deberían estar, porque las reuniones deben ser participativas y todo aquel que es convocado debe participar. Sí, ya sé que hay reuniones en las que el número de participantes imposibilita una dinámica correcta (ver blog http://elmalabar.es/2012/03/28/los-comites-ejecutivos-y-los-circos-romanos/), pero si el número de participantes fuese el correcto y el conductor diese pie a ello, las actitudes cautas serían improductivas y descalificarían al sujeto para estar allí y posiblemente darían muchas pistas sobre su compromiso.

No esta mal el pragmatismo cuando es activo, pero cuando se trata de tomar al dictado lo que allí se habla, se queda un poco corto por la falta de aportación de ideas. Cuando esto sucede, ese perfil es prescindible porque con unas buenas minutas después de la reunion conseguiría, la concreción que pide.

Los minimalistas abundan, porque hay mucha gente que se siente importante cuando es parte de un comité o es invitada a una reunión de nivel, pero son conscientes que no es su lugar natural e intentan salir ilesos.

 Hay gente que se ve también abocada a asistir en representación de alguien y en esos casos, su actitud suele ser también minimalistas. En este sentido, yo nunca he sido partidario de las sustituciones y he preferido que alguien faltase a una reunión antes de enviar a un sustituto, además de que nunca he entendido ni aceptado las ausencias frecuentes. Por último hay gente que no pinta nada, que está allí por una concesión a la galería del conductor, debido a esos argumentos blandengues que se suelen utilizar en las empresas para contentar a alguien o por evitar posibles agravios comparativos.

Los que sí suelen abundar son los cínicos, si el conductor lo permite (quizás cuando él es uno de ellos), y son la nota discordante porque son auténticamente nefastos ya que a diferencia de las categorías anteriores, que simplemente gastaban café y oxígeno, éstos son contraproducentes para la marcha de la reunión.

En la reunión de la comisaria que he citado, la mayoría eran positivos y por eso el protagonista se iba contento. Lo ideal es que todos los participantes fuesen positivos y además pienso que es posible conseguirlo, cuando los participantes en número y criterio son correctamente elegidos. Además, el conductor se debe centrar en conseguir los objetivos de la reunión mediante la creación de un entorno participativo y cómodo.

Para finalizar, la ideas principales son las siguientes:

- No hagamos ni una sola reunión por encima de las estrictamente necesarias.

- Convoquemos a quienes pueden y están dispuestos a aportar, prescindiendo del resto.

- No conduzcamos desde arrogancia, la infalibilidad y la autoridad.

- Creemos un entorno participativo pero ordenado, donde no se saldan deudas ni se hace escarnio público.

Con todo esto, posiblemente la reunión sea productiva. No obstante, ante la duda, nos damos mus y pasamos de convocar la reunión, seguro que no pasa nada.

Una nota discordante sobre Liderazgo

Liderazgo o condición de líder se utiliza con profusión como característica , hilo conductor y destino de un manager . Sinceramente me parece fuera de lugar porque la condición de líder es innata y no se puede enseñar , el que la tiene la desarrolla pero el que no la tiene difícilmente la tendrá .

Me tomo muy en serio el desarrollo de managers y por eso me parece una tomadura de pelo que se hagan estos planteamientos tan rimbombantes pero que a la vez son tan disuasorios para muchos managers intermedios, o directores y dueños de compañías pequeñas y medianas que ante semejante planteamiento se inhiben de esa formación que tanto necesitan,  pero que tal como está diseñada no creen que sea para ellos. Una situación comparable seria que una Autoescuela hablase de pilotar un F1 como enfoque de formación para aprobar el carnet de conducir.

Pero la buena noticia es que para ser un buen manager no es necesario ser un líder, para ser un manager hay que :

  • Tener ganas de ganar
  • Saber gestionar recursos
  • Establecer y seguir una cultura del esfuerzo
  • Influir a través de una buena comunicación
  • Buscar sin descanso tener a los mejores profesionales en el equipo

Y para ello hay que:

  • Conocer las herramientas de gestión para crear, ejecutar y controlar  un plan
  • Crear unas normas de funcionamiento
  • Comunicar formal e informalmente el plan y las normas de funcionamiento
  • Ser cercano y estar disponible para hablar con todo el mundo
  • Ser consistente en la ejecución  con el plan y las normas, y predicar con el ejemplo
  • Dejar espacio para que los componentes del equipo ejerzan su responsabilidad y crezcan profesionalmente sobre esa base
  • Utilizar con rigor las evaluaciones y planes de desarrollo

Si el manager conoce las herramientas , aprende a dirigir gente y va desarrollando su criterio para tomar decisiones adecuadas en el momento oportuno será un buen manager y como veis en lo dicho hasta ahora no hay la mínima mención a liderazgo. Que un manager además tiene cualidades innatas de líder , pues le costara menos trabajo dirigir y quizás podrá llegar a una posición mas alta en su carrera profesional.

Y qué fina es la línea que separa aparentemente al líder del cantamañanas y que desproporción numérica existe entre unos y otros , los lideres son muy pocos pero los que se  invisten de líderes después de haber asistido a un par de cursos son legión, aunque el vestido no es tal, sino un disfraz que encubre personas dicharacheras , extrovertidas y auténticos cuentacuentos http://elmalabar.es/2012/05/09/los-cuentacuentos/

Liderazgo da glamour a la posición de manager y lustre a la aburrida formación,  pero un profesional tiene que llegar a ser manager por su vocación y pasión por el desarrollo de personas, y asumiendo que no es una posición glamurosa  aunque quizás sí bien pagada , sino una posición sacrificada en la que recibes mucho menos de lo que das si realmente eres un manager comprometido con tu empresa y con tu equipo.

Se necesitara un líder en el inicio desde cero de un proyecto que tenga un alto componente innovador pero hoy en España el 90% de los managers no están enredados( y quizás nunca lo estarán) en esos menesteres sino que se suben en proyectos que ya ruedan y en los que se les pide que gestionen una parte.

Y desde luego hoy, año 2012, la prioridad es conseguir resultados a corto plazo , algunas veces bordeando la supervivencia. Dame buenos managers aunque nunca lleguen a ser líderes y Dios me libre de los “líderes” que no saben dirigir.

Regeneración de un equipo

Como comentario al post “tenemos jefe nuevo” me piden mi opinión sobre los perfiles adecuados para construir un nuevo equipo ante la dicotomía de incorporar gente con experiencia, o gente que no conocen o no son expertos , ya sea en la función o en la industria. La propuesta  concreta hacía referencia a un equipo de ventas y la disyuntiva era entre vendedores del sector o no. Gracias Chema por el comentario.

Me parece un tema interesante y me parece adecuado que se acote a un manager nuevo en un equipo , porque si esta reflexión te la haces cuando llevas 5 años al frente del equipo , aunque más vale tarde que nunca , yo diría que el diagnostico es fácil , el responsable del desaguisado es el manager y la regeneración debería empezar por él.

He vivido situaciones donde el diagnóstico sobre el mal performance era que se pagaba poco a la gente y por tanto no se podía aspirar a tener un buen equipo . Pues en algunas ocasiones ese diagnóstico es correcto y efectivamente en términos objetivos existe un problema de nivel salarial que se debe resolver, pero ojo la solución no es subir el sueldo a los componentes actuales, sino revisar la política salarial y esperar a aplicarla cuando los miembros del equipo estén a ese nivel, ya sean los que estaban después de un plan de desarrollo  o las nuevas incorporaciones con el perfil adecuado para contribuir a los resultados a través de la regeneración.

Otra consideración antes de afrontar el tema : es importante entender si el problema de calidad del equipo se da aisladamente o es un problema generalizado en la compañía . Si es un problema aislado y el nuevo manager sigue elmalabar las cosas irán bien.

Pero si el contexto general es de poca calidad en todos los equipos estaremos quizás frente a una situación de conformismo , posiblemente motivado porque el equipo de managers está feliz  de haber conseguido su posición y como no están dispuestos a ponerla en riesgo  serán contemplativos y se dejaran llevar.

Y ante una situación de conformismo establecido el manager tiene dos opciones , la primera rupturista asumiendo que quizás esa compañía no es recomendable a medio y largo plazo para una carrera profesional exitosa.

La segunda es abstraerse del sentir general y centrarse en lo que tiene que hacer independientemente de lo que hagan sus colegas managers. No me parece una mala opción porque curte mucho a quien la practica aunque no esté exenta de posible frustración. Pero además para esta opción hay que tener carácter y personalidad para soportar la presión de los propios colaboradores que se quejarán de una dinámica en el equipo más exigente que en el resto de la compañía ( lo he vivido muchas veces y siempre he reaccionado a esa presión recomendando a mis colaboradores disconformes que se fuesen a trabajar a los otros equipos maravillosos).

Si hablamos de regeneración y creo que es de lo que hay que hablar cuando un equipo está estancado en el fracaso, es muy importante apostar por el talento , por el aire fresco y sobre todo por profesionales entusiasmados frente a un reto personal. Y estas premisas descartan automáticamente  la incorporación de experimentados que vengan del sector.

Cuanto más preparado técnicamente esté el candidato menos tendrá que aprender, pero hay un punto de inflexión ( sobre todo mental en el individuo) en el que se pasa de “profesional en desarrollo” a “profesional experimentado” y a partir de ese punto el candidato no tiene ningún valor para el propósito de regeneración.

No hay regeneración si se da prioridad a las necesidades de resultados a corto plazo, por lo que nunca se debe salir al mercado a buscar a los consagrados que llegarían como salvadores , muy sobrados, pero sin la ilusión del reto personal . Además costarían un congo y desestabilizarían la política retributiva.

Si la situación de falta de resultados ya viene de lejos en ese equipo y por fin se quiere poner solución no hay que poner parches o adoptar soluciones cortoplacistas sino que hay que trabajar de verdad en la regeneración. Además me atrevo a decir que los “novatos” a corto plazo darán mejores resultados que el equipo cortoplacista.

Hay que fichar gente que venga ilusionada al proyecto porque para ellos sea un paso en su carrera y un reto si hacen las cosas bien , tienen que tener el perfil adecuado para encajar en los requisitos del equipo y deben ser esforzados profesionales que entiendan que el esfuerzo siempre es necesario.

Los Corchos

Hace años, le escuché a un amigo por primera vez el término corcho en referencia a managers de una compañía y me lo adueñé, porque me parece la mar de elocuente hacia la carrera profesional de algunos managers. Un corcho es un manager que independientemente de cómo vayan las cosas e independientemente de su performance, siempre se mantiene a flote. Estos corchos son fáciles de identificar, porque ocupan posiciones envidiables pero cuando analizas su dilatada carrera, te cuesta muchísimo trabajo encontrar alguna aportación real.

En aquellos tiempos donde todo valía, el corcho era una cara más de las muchas que adoptaba la improductividad y por tanto, parte del escenario general. Pero ahora, cuando parece que se empieza a cuestionar la improductividad, es el momento de identificar estos comportamientos y erradicarlos de las organizaciones, porque como dice Sabina “con perdón no perdí una hija sino que gane un cuarto de baño” que traducido sería “no perdí un manager sino que gane una plaza de aparcamiento”.

El secreto de la flotabilidad es su aversión a asumir  responsabilidades, característica que les hace inmunes a los fracasos  y por tanto les posiciona fuera de la zona de peligro. El segundo elemento, es un protector en la figura de un manager que valora la “lealtad ” por encima de todo.

Hay dos itinerarios para llegar a ser un corcho. El primero está relacionado con las organizaciones complejas que dan pie a responsabilidades poco claras y de las que las compañías multinacionales son el mejor ejemplo a no seguir. El segundo está basado en las redes perversas que existen en las compañías en las que prima la lealtad hacia el jefe de un clan que es parte de una red, en la que cada vez más, se van diluyendo los intereses de empresa en favor de los particulares de los componentes de la red (muy ilustrativa la dinámica de los partidos políticos, pero que también ocurre en las empresas).

Los corchos de la primera categoría se han desviado de una mejor carrera profesional porque tanto en las multinacionales como en las organizaciones matriciales y verticalizadas, se crean continuamente posiciones globales que se implantan en los países y que tienen responsabilidades “compartidas”, con un role caracterizado por intermediar entre su jefe del headquarter y los responsables reales de negocio en el país.

Por otro lado, también se crean tanto puestos artificiales como proyectos ad hoc, que nunca están dentro de las Unidades de Negocio y por tanto carecen de responsabilidades, siendo ideales para los corchos. Si un corcho  tiene suerte y su compañía puede invertir en temas “estratégicos”, el corcho habrá encontrado la horma de su zapato  pudiendo pasarse  toda su vida de un proyecto a otro, sin hacer realmente nada útil pero quizás llegando a ser miembro del comité de dirección.

Otras veces el acorchamiento se inicia a través de las posiciones de Program Managers, muy comunes en grandes multinacionales y en muchos casos necesarias, porque un top manager en un país, tiene que lidiar con ingentes tareas asociadas a su relación con el HQ. Hasta ahí perfecto, el problema es cuando esas posiciones se categorizan muy alto, equiparándola con managers de negocio o funcionales con autenticas responsabilidades. Las posiciones de  Program Manager  son puro staff y se deben utilizar para que managers de categorías inferiores tengan la posibilidad de aprender ayudando a un director general, por ejemplo, y para que ese manager con potencial tenga un training on the job para su desarrollo, sin embargo, nunca se debe convertir en una carrera profesional per se.

Los corchos de la segunda categoría no suelen tener buen CV porque lo básico para mantener su línea de flotación es la lealtad a su jefe, por lo que su evolución estará relacionada a la progresión de su jefe. Si se les empieza a ver el plumero, su protector hablará con otro miembro de la red perversa y le buscarán una nueva posición, por supuesto del mismo rango, sin perder ningún privilegio y donde pueda seguir su carrera.

Hay otro aspecto importante a considerar, que tiene que ver con las estructuras organizativas  de la compañía, en las que cada vez más, se restringen el número de managers en cada categoría. Es aquí donde está el auténtico drama, porque el puesto de dudosa legitimidad que ocupa el corcho impide que se cree una posición productiva en otro lugar de la organización , y un manager inmune al acorchamiento que quiere asumir más responsabilidades no puede hacerlo porque está cubierto el cupo y quizás se vaya de la compañía para buscarse un sitio adecuado a su capacidad actual.

Las acción de descorchar se hace muchas veces para celebrar, y quizás ahora hay pocos motivos para celebraciones, pero yo os recomiendo hacer este tipo de descorche porque es muy ventajoso para vuestras compañías y hace que estas sean más atractivas para sus empleados.

Los Cuentacuentos


La profesión de cuentacuentos la descubrí hace años y no sólo disfruté escuchando historias interesantes sino, sobre todo, admirando la capacidad de entonación e interpretación que produce un impacto comunicativo excelente. Más tarde me di cuenta que ésa era una profesión que yo ya conocía en el ámbito empresarial, donde se encuentra embebida en la forma de hacer de malos managers y que por tanto, nunca me había causado admiración sino rechazo total.

La falta de confianza, la cobardía y la sumisión producida  por una  organización que se basa en el nepotismo, son las vías de entrada a la senda del cuentacuentos. Sin embargo, no todos los malos managers sirven para ello, porque se necesita además una cierta habilidad de comunicación, que en caso de no existir, afea muchísimo la actuación del  manager. De este modo, el manager ya no es un verdadero cuentacuentos, sino que simplemente se convierte en un “correveidile”.

La ambigüedad en este asunto, se encuentra en el entorno en el que se mueven estos personajes. Aún así tiene su cierto mérito, porque a mí por ejemplo me resultaría imposible manejarme en estas situaciones donde no existe ni un plan (y si existe es testimonial)  ni criterios (y si existen, no se comparten y por tanto no se usan) y donde, como dice un amigo, allí manda el Ibex con los valores cotizando cada día.

A pesar de todo, ser capaz de vivir en la ambigüedad tiene su premio, porque te evita tomar decisiones, permite arrimarte siempre al sol que más calienta y no tienes que significarte y tomar el riesgo de equivocarte. De esta forma, puedes acomodar todas las decisiones que te imponen desde arriba, que serían infumables y a todas luces absurdas, si existiesen tanto unos criterios como la costumbre de seguirlos o al menos considerarlos.

El gran aliado de la ambigüedad es la “retórica” o más bien, el arte de embaucar. Para mí la retórica es una práctica excelente y muy aconsejable, pero cuando se aplica sobre causas sólidas y no cuando se utiliza ese arte de embaucar como alternativa a la razón y los criterios.

El equipo que trabaja con un cuentacuentos en un entorno ambiguo está condenado al fracaso, aunque en determinados momentos, las condiciones de mercado son benévolas incluso con esas actitudes. Además, si esa persona no decide abandonar ese equipo, a medio y largo plazo verá coartada su carrera profesional por esa experiencia que le habrá marcado para siempre.

He leído en estos días “El enredo de la bolsa y la vida” (Eduardo Mendoza), novela ágil, entretenida y con retranca. De ella he sacado un párrafo que no tiene desperdicio como ilustración de una situación donde se maneja la ambigüedad en extremo pero aderezada con el arte de embaucar, construyendo un bonito y estructurado discurso, que no dice nada.

“Este intercambio de ideas ha sido muy provechoso y os agradezco a todos vuestras respectivas aportaciones. Ni una sola ha caído en saco roto, os lo puedo asegurar. Es cierto, haciendo balance de la situación, que parece que no hayamos avanzado, y es muy probable que no hayamos avanzado. Incluso es posible que hayamos retrocedido, cosas ambas difíciles de determinar cuando no se conoce el punto de partida ni el objetivo último de nuestro caminar. Pero también puede darse lo contrario, es decir, que hayamos avanzado sin darnos cuenta. Bien es verdad que avanzar sin enterarse de que se avanza es lo mismo que no avanzar, al menos para el que avanza o pretende avanzar. Visto desde fuera es distinto. Aun así, yo abrigo la esperanza de que este avance, real o imaginario, dentro de poco nos conducirá a la solución definitiva o, cuando menos, al principio de otro avance. Hasta ahora una cosa hemos hecho: meter el dedo en el avispero. ¿Quién mete a sabiendas el dedo en un avispero?, me preguntaréis. Un imbécil, sin duda. Pero lo del avispero lo decía en sentido figurado. Dicho lo cual, pasaré a analizar varias opciones”.

La conclusión es que el cuentacuentismo es un camino sin retorno y en absoluto recomendable, por lo que os aconsejo huir de esa práctica y alejarse de aquellos que lo practican. Buscad y utilizad tanto un buen guion como criterios y consistencia con el mismo, que si está envuelto en una magnifica comunicación, perfecto.

Tenemos jefe nuevo

Me sugieren que escriba sobre las situaciones de equipos heredados por un manager que sustituye al anterior y cuando la sustitución se ha producido, no por un relevo ordenado sino porque alguien ha pensado que esa es la manera de solucionar una situación complicada o dar la vuelta a una tendencia peligrosa.

Desde mi punto de vista todo aquello que suceda a partir de una situación de este tipo le está bien empleado a quien la haya tomado por ir a buscar al mercado con alto riesgo de equivocarse y haber abandonado la promoción interna como alternativa más eficiente.Aunque haya sufridores pasivos en la figura del nuevo manager y en algunos casos de los componentes del equipo.

Todas las sustituciones de managers de cualquier nivel deberían estar planificadas y los nominados deberían salir del mismo equipo o como mucho de sus proximidades, y nunca venir de fuera. Esta es una práctica que para mí es irrenunciable pero que para la mayoría de los managers es la gran olvidada, y cuando se produce una situación de este tipo se habla con RRHH para que hablen con los head-hunters e identifiquen al “mejor candidato”.

Volviendo al manager que cae en paracaídas en un nuevo equipo se pueden dar diferentes circunstancias en base a la situación en que se encuentra el equipo y en base a las habilidades directivas del recién llegado. En cuanto al equipo en general será un equipo desprestigiado y desangelado porque el cambio en la dirección se ha producido por malos resultados y aunque el culpable y sacrificado es el manager, el equipo también sufre la crítica.

Se debe intentar sacar adelante a cualquier equipo que se herede excepto cuando la herencia es un equipo “pasado”. Yo me he encontrado equipos que se hacen fuertes frente al nuevo manager, que cuando este llega  le ponen sobre aviso de que es el tercero o cuarto que ven pasar y que no se haga ilusiones en cambiar nada porque las cosas en ese equipo son como son y así seguirán siendo. Y como todos estos especímenes que pronostican calamidades siempre acaban teniendo razón  porque los managers sin carácter no son capaces de manejarlos y otros managers no aceptan esa situación y se van.

Sin llegar a ese extremo inmanejable, en general los equipos tienden a resistirse al nuevo manager por solidaridad con el saliente o simplemente por un rechazo natural hacia alguien que viene de fuera, máxime si viene como salvador de la patria y predispuesto a asumir que todo lo anterior es malo, incluyendo el equipo.

Sé que es una generalización hablar del comportamiento del equipo como unico cuando cada componente reaccionará en base a su personalidad e “intentando jugar sus cartas” pero antes de conocer a los componentes esa será la percepción del recién llegado.Y para los componentes del equipo , que sean coherentes , deben aceptar una decisión ya tomada y deben decidir si quieren intentar integrarse en el equipo o buscar una alternativa fuera .

Creo que la actitud más extendida entre los nuevos managers es hacer poco caso a su nuevo equipo aunque las razones que le llevan a ello son varias .Puede ser que no cuente con ellos porque tiene previsto incorporar a su propio equipo .Puede ser que no piense traer a su equipo pero que se realmente se ha creído que es el salvador de la patria y que su tendencia al nanomanagement le haga tomar todas las decisiones y por tanto su equipo lo mantiene “de adorno”  y ahorrándose tomar las decisiones de desvinculación.

Otro pecado seria subirse al carro en marcha y contar con el equipo sin cuestionar su valía, y dejando que las cosas fluyan en vez de tomar las decisiones desde el primer momento apoyándose en los miembros del equipo. Esta sería la actitud correcta porque el desconocimiento temporal no debe ser eximente para no decidir y alguien a quien han puesto en una posición, por ejemplo de director general, ya debería tener criterio suficiente para con apoyo tomar decisiones desde el primer momento.

Si te haces cargo de un nuevo equipo y tu modus operandis es “paquete komansi” (vienes con tu equipo), nada que decirte, la compañía ha cometido un error al contratarte, es imposible que hagas un buen trabajo y cuando te vayas por favor, llévate a tu equipo.

En cualquier otro caso lo lógico sería que renovases a todo tu equipo en un periodo de 3 años porque seguro que el equipo es mejorable, porque algunos de los componentes no querrá cambiar y su actitud es inaceptable, porque la evolución del negocio requerirá otros perfiles y porque la experiencia dice que ante la duda mejor cambiar.

Pero siempre de una forma planificada, con respeto al equipo, sin jugar con ellos (no cuento contigo pero necesito que estés de momento) y desde luego tomando las decisiones, mejor antes que después.

Recomiendo la promoción interna en todos los casos pero si algún manager con ganas de hacer las cosas bien se ve con una “herencia” que no se olvide que el éxito se basa en tener el mejor equipo y lo tiene que conseguir, con pequeños retoques si ha tenido la suerte de heredar una joya o cambiando todo el equipo si la competitividad y las ganas están lejos del modelo a seguir .Siempre actuando correctamente y con respeto hacia sus colaboradores pero actuando con rapidez ante evidencias.

¿Director Financiero, Director General?

 La semana pasada me sugería un amigo que hablase sobre, lo que desde su punto de vista era un hecho, la promoción de los Directores Financieros a las posiciones de Dirección General en tiempos de crisis, o cuando las cosas no van bien en una empresa y esta decisión pretende arreglar la cuenta de resultados .

Me decía que esa misma reacción se produce en la política y que de hecho se está produciendo, cuando los tecnócratas asumen el control en detrimento de los políticos.

Entiendo la similitud porque creo que son situaciones comparables, aunque no estoy totalmente de acuerdo con el paralelismo.Cuando esta situación se produce en política es casi una bendición porque aunque los tecnócratas no van a solucionar los problemas, al menos con sus decisiones técnicas adecentan los presupuestos, mientras que los políticos solo tienen interés en hacerse con el control de su partido para luego intentar ganar las elecciones, lo cual no tiene nada que ver con resolver los problemas reales de la sociedad. Vaya, que ni los políticos ni los tecnócratas solucionan nada, pero al menos la componente técnica de éstos tiene una cierta utilidad.

En la empresa sí habría un coste de oportunidad real cuando se tomasen decisiones técnicas para mejorar la cuenta de resultados sin considerar las consecuencias a medio y largo plazo sobre el negocio. Y esto es independiente de quién tomase la decisión y desde qué función viniese.

Se puede decir, si se tira de estadísticas, que la dirección financiera no es la mejor plataforma para que un manager se convierta en director general, y el sentir general, no sé si apoyado en estadísticas, es que las posiciones involucradas directamente con las actividades de negocio son las que se valoran más a la hora de buscar candidatos para dirigir una compañía.

Siguiendo esa línea de pensamiento, yo diría que no es exactamente la función de procedencia lo que marcaría la idoneidad para ser candidato, sino que sería el perfil que se ha requerido al manager anteriormente para acceder a esa dirección funcional, lo que marcará la idoneidad para ser candidato al top.

En este sentido, la función financiera es una función de especialista que requiere unos conocimientos específicos y unos perfiles muy poco ambiguos. A partir de estos principios y la posterior ejecución de la función, ese perfil se va a radicalizar hacia el control haciéndose cada vez más especialista y rozando el punto de no retorno. El buen director financiero se está volviendo más imprescindible, porque la organización se siente muy cómodo con él y con el paso de los años al financiero le sobreviene una cierta pereza a empezar una nueva vida fuera de su hábitat habitual.

Si en ocasiones el director financiero es candidato a director general, sin tener el perfil ni la experiencia, se debe a que es el manager que mejor conoce la compañía. Así, es un valor sólido y seguro desde el punto de vista de compromiso y lealtad, y sobre esas premisas, o la cosa va de “meterle mano a la cuenta de resultados “, o no hay un candidato claro en el equipo de dirección para asumir la posición.

Me viene a la mente el movimiento de HP hacia un perfil financiero, Mark Hurd, y con una hoja de ruta muy clara de aligerar la estructura de costes de la compañía.Sin entrar en el gran cinismo del individuo, creo que no fue una buena decisión porque efectivamente su única aportación fue el recorte por el recorte y en su mandato de 6 años, la empresa fue envejeciendo. Solo le puede hacer bueno su sustituta, Met Whitman, que después de 6 meses ha dejado ir a la compañía sin dar ningún paso para establecer la estrategia que HP necesita y está pidiendo a gritos.

Y aquí va mi opinión, los candidatos deben ser managers exitosos y con valencias libres para asumir nuevas y más importantes responsabilidades. La función de procedencia puede condicionar la experiencia de quien accede a una posición de top management, como también lo condiciona su perfil y sus habilidades, pero todo lo pasado es background que el nuevo director general utilizará para realizar las nuevas funciones que desde ese momento tendrá que desarrollar y que no tienen nada que ver con las de sus anteriores posiciones.

En algún post ya he hablado de “desaprender”, del sentido de negocio de un director general, de su capacidad para crear un plan de negocios aspiracional y de desarrollar una organización ganadora que haga alcanzable ese plan.

El director general tiene que tener un equipo de dirección en el que cada uno de sus componentes sea mucho mejor que él mismo y tiene que dejar espacio para que cada uno de ellos haga su máxima aportación al plan, consiguiendo que éste sea equilibrado, que contemple las prioridades adecuadas, pero que como en elmalabar mantenga todas las funciones en liza, sin que ninguna de ellas pierda peso en detrimento de otras.

El espíritu ganador

Hay una serie de premisas para ser un buen manager a las que me he referido y he desarrollado en diferentes  post. Hoy quiero hablar del espíritu ganador como una de esas premisas.

Por espíritu ganador entiendo una mentalidad que se corresponde con la actitud y que responde con predisposición positiva a los objetivos que el equipo que lidera el manager tienen que conseguir. Esta mentalidad asume y entiende que en un mercado competitivo, la única aproximación al mismo tiene que ser a través de objetivos aspiracionales que siempre mejoren la posición relativa de la compañía. Por otro lado, es necesaria una actitud que transmita que, mediante estrategias diferenciales, planes de acción exigentes y esfuerzo extra, todo es posible y los objetivos se cumplirán.

Esa mentalidad tiene que ver en primer lugar con el posicionamiento y el manejo del manager en la escala pesimismo-realismo–optimismo; en segundo lugar con la comunicación que el manager construye y ejecuta sobre ese espíritu ganador; y por último, con lo “limpio” y genuino que ese espíritu sea.

Hay mucho pesimista porque este sentimiento es fácil de interpretar y te ahorra muchos esfuerzos. De este modo, hay muchos pesimistas que entienden que ese sentimiento es negativo y se reconvierten en realistas, atributo que ya no es negativo y que facilita su relación con el resto, pero que en su raíz sigue manteniendo el mismo grado de pesimismo.

Los optimistas tampoco lo tienen fácil, porque aunque su sentimiento tiene menos rechazo social, éste sigue produciéndose en un alto porcentaje, al resultar altamente peyorativo ya que es un sentimiento que siempre se interpreta como de ilusos y que carece absolutamente de realismo.

¿Cual es la casilla correcta? Yo diría que el realismo con tinte o raíces optimistas es el sentimiento adecuado para los negocios, porque realismo se interpreta como racional y apoyado en datos. Así, si sobre ello construyes el espíritu ganador, se consigue una mezcla exenta de inhibiciones, con base racional para su comunicación y con una componente de ilusión.

No sé si es factible para todo el mundo posicionarse en ese punto, pero en cualquier caso hay que ser capaz de evitar tanto el pesimismo bloqueante como el optimismo descerebrado, ya que el primero no te lleva a ningún sitio y el segundo te puede llevar a gastos muy altos sin ningún retorno.

La mala comunicación puede arruinar un espíritu ganador genuino, cuando el manager no es capaz de trasmitir correctamente a su equipo. Y esto no es solo cuestión de las habilidades de comunicación del manager, sino que la mayoría de las veces el espíritu ganador no está soportado por una estrategia clara, y sin ese hilo conductor, es difícil convencer a las huestes de que los objetivos son más que alcanzables y que con el esfuerzo de todos, saldrán.

La comunicación debe vencer al sentir popular cuando éste es negativo. De esta manera, debe ser capaz de demostrar racionalmente que desde la estrategia, con un plan de acción cuantificable y controlable, además de mucho esfuerzo, el “milagro” (según el sentir popular) es posible.

Y hablo de espíritu “limpio” porque hay personas que son auténticos ganadores pero que anteponen sus intereses personales a los intereses de la compañía, y toda su energía se encamina en la dirección incorrecta. Parece estúpido pensar de una forma altruista y libre de egoísmo,  pero si se piensa con calma todos necesitamos la continuidad y el éxito de nuestra compañía para desarrollar  una carrera profesional.

Mi amigo Cristiano creo que es un buen ejemplo de esta aberración ya que desde mi punto de vista su único interés es conseguir la bota y el balón de oro.  Para ello se aprovecha de una plataforma (su equipo) que le permite jugar en la élite, pero una vez instalado en esa élite se olvida de que el fútbol es un juego de equipo y que los únicos triunfos que cuentan  son los del equipo (por cierto que las asociaciones de fútbol y los medios de comunicación también se olvidan, y creo que magnifican y hablan demasiado de esos otros triunfos individuales que como digo, deberían tener mucha menos relevancia).

Cristiano es un portento físico, pero en eso de crear fútbol anda bastante justito ya que simplemente no le interesa. En el centro del campo y fuera del área pierde del orden del 90% de los balones que le pasan (que desgraciadamente son muchos) pero como “le gusta jugar en esa posición”, pues juega.

Por la bota de oro, Cristiano tira todas las faltas y parece ya claro que el único peligro que crea, es entre los espectadores de los fondos. Marca una barbaridad de goles pero su porcentaje de acierto no parece de los mejores (creo que el Pipita tiene un hit rate mejor que Cristiano) y para su interés juega absolutamente todos los minutos aunque su participación ese día sea un recital de desaciertos.Bueno, y mejor no hablar de las malas caras que alguna vez le pillan las cámaras cuando un compañero marca.

Finalmente el espíritu ganador debe ser genuino, no vale adoptarlo porque queda bien, si después la actitud o la comunicación nos delatan. Y tampoco vale el role de “Capitán Araña” con peroratas magistrales por parte del manager, pero sin su compromiso, sin su apoyo y sin los mínimos recursos para poder hacer el trabajo.

Hoy estamos en crisis y este mensaje todavía es más importante porque el sentir popular es un clamor hacia el desánimo y las manos quietas y un buen manager con un espíritu ganador genuino y limpio, tiene todas las de ganar.

El inglés sin esfuerzo y el seguro de empleo

Muchos métodos de inglés, recuerdo hace muchos años los métodos sin esfuerzo  ASSIMIL , preconizaban la facilidad para el aprendizaje de este idioma. Tuve la oportunidad de vivir en mis propias carnes que era un reclamo publicitario falso, tan falso como la creencia de que sin esfuerzo se podrían conseguir resultados, objetivos o éxito profesional.

Esta semana pasada, sin buscarlo, han caído en mis manos un par de menciones sobre la cultura del esfuerzo y sobre el nivel de dedicación de los comerciantes chinos en España. Precisamente en mi último post yo hablaba de la ley del mínimo esfuerzo, junto con la picardía como dos  características de la sociedad española.

También me llamó la atención unas manifestaciones de Dotti, en las que afirmaba que nadie perderá su empleo si la aportación que el trabajador hace a su empresa es mayor que el sueldo que cobra, afirmación que comparto y que siempre he utilizado para animar a mis colaboradores a crearse un seguro de empleo.

Por otro lado, Roig hablaba de la cultura del esfuerzo como elemento básico en los resultados de MERCADONA y hacía alguna referencia a la crisis interna producida por el olvido de esa cultura y la importancia de volver a ella.

De este modo, respecto a los propietarios chinos, parece ser que éstos lo tienen claro, quizás porque en su ADN no llevan incorporada la ley del mínimo esfuerzo, por lo que cuando ven que no llegan, no les duelen prendas trabajar sin descanso y hacer todo lo que sea necesario para salir adelante.

Nosotros como buenos pícaros siempre buscamos un atajo para esforzándonos lo justo, poder llegar a donde llegan los chinos, no obstante,  en el mercado laboral esos  atajos no te llevan a un callejón sin salida, sino que directamente te  sacan del mercado. ¿Por qué  no podemos individualmente desarrollar el hábito del esfuerzo y comprometernos  con nuestras compañías para, como se dice ahora,”no hacer un gran esfuerzo sino lo siguiente “?

Dotti habla de salario y del valor de la aportación del empleado, pero yo añado dos elementos más: el valor de mercado del empleado y la indemnización por despido si el empleado no llega a la edad de jubilación trabajando y es desvinculado.

Si el valor en el mercado del empleado es mayor que el sueldo que percibe en su empresa ya es una buena base, si además a la empresa le devuelve más de lo que recibe de ella tenemos un segundo pilar sólido. Si el empleado  ”desprecia  la indemnización por posible despido “, podríamos decir que está en una excelente posición para continuar en su puesto de trabajo o para poder cambiar si surge alguna oportunidad, de modo que seguirá fortaleciendo su posición mientras siga  manteniendo diferenciales positivos contra su salario y contra su valor en el mercado.

Si por el contrario, no devuelvo con mi trabajo lo que me pagan  y lo que me pagan es más de lo que me pagaría el mercado, la situación es mala y el único valor que irá aumentando automáticamente con el tiempo será el valor de la indemnización, que a medio plazo será el único e irrenunciable activo  para el trabajador.

Quien se ha montado en tinglados artificiales o ha confiado en que la lealtad a un mal jefe, como plataformas seguras para un “empleo de por vida”, no son sujetos pasivos limpios de culpa ante una situación de desempleo, porque fueron poco críticos a la hora de analizar a donde se metían.

Y por supuesto que hay víctimas inocentes de la crisis, que teniendo el hábito del esfuerzo y habiendo devuelto a su empresa más de lo que la empresa le pagaba, han visto cómo  su puesto o su empresa desaparecían, entonces esos desempleados requieren de unas prestaciones sociales compensatorias. Pero si  mantienen su hábito de esfuerzo y no se dejan vencer por la situación, ellos tendrán más oportunidades de volver a trabajar que los pillos  instalados en la protesta continua.

Es absurdo el concepto de empleo de por vida y aunque son necesarias las políticas de desempleo, éstas tienen que tener un cierto límite que posiblemente en este momento se haya traspasado. De hecho, hay mucha gente que llega a conformarse con esos subsidios y que por supuesto se acostumbran a ellos, de forma que van perdiendo el interés y el espíritu que se necesita para revertir la situación y volver a tener un empleo.

Con todo esto quiero seguir incidiendo en la necesidad de la respuesta individual para afrontar la crisis, porque aunque ese esfuerzo no sirva para solucionarla (tampoco sirven las medidas de los políticos, y digo medidas, no esfuerzo) al menos puede servir para intentar crearse un seguro de empleo individual.