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¿Qué managers requiere la situación actual?

Me pasan una sugerencia, gracias Alberto, que como tal la recojo y respondo, sin intención de aconsejar a quien crea que no necesita ningún consejo pero con la ilusión de que a alguien le pueda ayudar esta reflexión.

La sugerencia incluye un contexto de “miedo e incertidumbre con actuaciones a la desesperada que generan descontrol y con unos empleados cada vez mas conocedores de la legislación laboral” y ante esto “¿qué tipo de manager se necesita y que decisiones debería tomar?”.

El cuadro de síntomas responde con absoluta claridad a una falta de management y por tanto en todas las compañías donde esta situación se produzca, más vale que quien tenga capacidad de decisión  prescinda del equipo de gestión cuya dejación de responsabilidades ha permitido llegar a ese punto. Sí, ya se que el problema es de la crisis, la capa que todo lo tapa, y que ante algo así no existe capacidad de reacción, pero….

Hay que elegir managers con autoconfianza, sentido de negocio y espíritu ganador que cambien el modelo de negocio y que tomen todas las decisiones de negocio que se requieran.

Se necesitan managers dispuestos a fracasar por hacer lo que tienen que hacer para que la compañía salga adelante y se deben erradicar a todos los managers que estén dispuestos a hacer lo necesario para mantenerse en su posición, aunque claramente estén perjudicando a la compañía.

Estos managers deben de ser capaces de construir la mejor organización, mediante un acercamiento por capas desde el Ceo o Director general hasta el último manager o supervisor y siempre mediante evaluaciones basadas en criterios objetivos y nunca por amiguismo o por sentimientos.

Los managers deben ser expertos en evaluar managers y colaboradores, y esta práctica no se adquiere por ciencia infusa sino que necesita de un entrenamiento y sobre todo de una voluntad por parte del manager para ser objetivo, asumir las consecuencias de las evaluaciones y tomar decisiones.

Los sentimientos tienen cabida en el momento de tomar las decisiones pero sobre unas evaluaciones puramente objetivas. Y por favor, no confundamos los sentimientos con actitudes  blandas que no encaran problemas reales que cada vez serán más graves y más difíciles de solucionar.

Las decisiones que estos managers deben tomar son las siguientes:

- Crear nuevos modelos de negocio y decisiones que direccionen los problemas estructurales de las compañías. No valen los recortes que asfixian sin resolver los problemas estructurales, ni sirven  las ”lindezas” y creatividades mil  que falsean la realidad (Pescanova y otras muchas).

- Prescindir de todo lo superfluo e inservible (material y humano) acumulado en los años de mal gobierno y vacas gordas. Cerrar todos los proyectos que no funcionen y prescindir, sin recolocar, de los recursos asociados.

 - Construir equipos de buenos managers que respondan a un perfil objetivo y que trabajen con criterios objetivos para evaluar a su equipo.

- Romper la dinámica negativa instalada en la mayoría de las empresas donde se cultiva la cultura de  los equipos unidos para la derrota, donde todos son uña y carne ante un objetivo común, salvar su culo, mientras que los resultados se van deteriorando. Y no va a ser fácil porque ninguno de estos “culturistas” va a reconocer esta situación y por eso es necesario ese manager, que ignorando los cantos de sirena de los desahuciados, establezca los parámetros de medida antes los cuales las malas prácticas den la cara.

- Rightgrading. Hay muchos managers que están fracasando porque han sido nombrados con precipitación o porque no han recibido el soporte y coaching imprescindible para hacerse con una nueva posición. Es el momento de deshacer esas decisiones democionando a quien corresponda para devolverles a las posiciones donde posiblemente lo estaban haciendo bien.

- Rightsizing. Si es necesario ajustar la plantilla e ir a un ERE habrá que hacerlo, pero el equipo de gestión no debería sobrevivir al ERE y desde luego no debería ser voluntario, ya que las decisiones de quien se va, debería ser exclusiva potestad de los managers.

- Establecer un modelo de gestión basado en el esfuerzo, la exigencia y la productividad. No esperemos a que acabe la crisis o a que las decisiones de negocio surtan efecto para cultivar el esfuerzo y la exigencia. Quien nunca ha sido exigente ni ha apreciado el esfuerzo, no tiene ni idea de los resultados tan sorprendentes que se consiguen “other things equal” cuando se aprietan las tuercas y no se permiten el escaqueo, la desgana o la desmotivación.

- Tener interés real en los empleados, pero sin ñoñerías, asumiendo los problemas y buscando soluciones y evitando que los sindicatos se aprovechen de esa falta de interés real para montar su ineficiente liturgia, sobre todo para los trabajadores, porque para ellos representan minutos de gloria en los que apalancarán para seguir en el machito.

Al menos esto es lo que yo haría.

Desaprender

Este término lo cogí de una campaña publicitaria de un banco, ING, que ilustraba bajo ese slogan una nueva forma de trabajar completamente diferente a la establecida (por ejemplo cobro de comisiones por determinados servicios).

En mi caso me venía muy bien para definir una capacidad imprescindible para que un manager pueda evolucionar desde sus inicios hasta donde sus éxitos le lleven, y que es una práctica que debe tener en cuenta en cada movimiento de su carrera. El término desaprender me parecía una llamada muy aplicable a ese menester.

Desaprender para un manager es abandonar la actividad relacionada con su anterior posición y dejar de pertenecer a una comunidad para comenzar su integración en la nueva. Desaprender es posicionarse desde el primer momento en la nueva plataforma para ejecutar las nuevas actividades, ardua tarea considerando su falta de conocimiento, pero que en cualquier caso debe de acometer con humildad, siendo consciente de sus limitaciones y pidiendo todo el apoyo que necesite, sobre todo a su jefe y a su equipo.

Desaprender es empaquetar todos los conocimientos y experiencia adquiridos y transformarlos en “unidades” de criterio que se vayan acumulando en su background y que desde ese momento sirvan al manager para aconsejar a los miembros de su equipo en su actividad y en su toma de decisiones. Pero esos conocimientos y experiencias pasados se habrían desintegrado y ya no existirían  para realizar las actividades de su antigua posición.

Una incorrecta transición genera problemas en el funcionamiento del equipo porque cuando el manager usurpa las responsabilidades de sus colaboradores está generando ineficiencias ya que los colaboradores estarán condicionados por la sombra alargada de su jefe que coartará su iniciativa, los convertirá en marionetas a su servicio (a nadie le gusta trabajar con el aliento en el cogote) y además impedirá el desarrollo adecuado de estos.

Pero con esa actitud no solo está haciendo ineficiente la labor de sus colaboradores sino que además el estará desatendiendo las funciones propias de su nueva posición, funciones que nadie hará por él y funciones por las que realmente le pagan.

Dos razones llevan a la usurpación y normalmente una mezcla de ambas, y ambas adolecen de falta de autoconfianza en el manager:

  • Miedo a lo nuevo y desconocido y miedo al consecuente fracaso.
  • Falta de confianza en su equipo ya que él ha sido el elegido y considera inferiores a sus colaboradores en algo que él hace mejor y por tanto no se fía de ellos y no está dispuesto a ponerse en sus manos.

Desaprender es muy importante en cualquier movimiento pero hay algunos en especial en los que además de la importancia está presente un mayor grado de dificultad:

  • En la primera vez como manager, ya que es el primer cambio de estas características, es el más radical y el que le pilla menos preparado .Si no se monta al carro de desaprender y nadie le orienta en ese sentido es posible que adquiera ese vicio para siempre.
  • La primera vez en dirigir a otros managers porque es un milestone en su carrera y será un punto de go-no go para el manager con altas aspiraciones. Además si no desaprende su equipo de managers se sentirá muy incomodo.
  • El cambio de manager de gestión a manager de negocio cuando la ejecución pasa a mejor vida y el manager debe centrarse en pensar, diseñar y “no hacer nada” utilizando todo su tiempo energía y conocimiento en modelos y planes de negocio, estrategias y un people management hacia organizaciones más grandes y en muchos casos con los agravantes de distancia y dispersión.

Son bastantes los pecados capitales de un manager y normalmente se van haciendo patentes a medida que en el manager se produce un desequilibrio entre su trayectoria profesional y su evolución real, pero entre todos los pecados me quedo con la incapacidad para desaprender, que con la usurpación de las responsabilidades de su equipo desarrolla un vicio, el nanomanagement, que es otro pecado, venial cuando el manager no pasa de ser un supervisor pero que se convierte en mortal cuando es el modus operandi de un Ceo o director funcional de una empresa grande.

Subdirectores generales y directores generales adjuntos

En estos días sale continuamente por la tele un subdirector general de un medio de comunicación y por otro lado, hace unos días, me presentaban a otro director general adjunto o adjunto a la dirección general (no recuerdo con exactitud). Pensaba que esos términos habían caído ya en desuso porque realmente ya no existían esas posiciones en las organizaciones, por lo que me quedé sorprendido.

Estos términos me suenan muy rancios, ya que se aplicaban cuando yo comencé a trabajar aunque sí creo que se siguen usando profusamente en las decimonónicas y obsoleta AAPP.

Adjunto y sub, son términos que no soy capaz de entender porque no veo su encaje lógico, ya que forman parte de una denominación más extensa y que aglutina a aquellas posiciones que no tienen cabida en las actuales organizaciones,  donde las cosas tienden a ser más simples y sin himnos al sol.

Bien es verdad que con el tiempo cualquier organización produce sus propias posiciones artificiales, que quizás tienen nombres más elocuentes y actuales, pero que suelen esconder posiciones asimilables, por su falta de contribución, a los sub y adjuntos. Pero esa es otra historia.

Normalmente se encuentran en esas posiciones a personas que han perdido pie en su carrera profesional, que ya no pueden competir por una posición normal en la organización y que buscan, sorprendentemente encontrando, esas posiciones cuya descripción procelosa, que intenta jugar con la ambigüedad, les hace parecer que todavía están en la pomada.

Me parece  sorprendente el que los dg entren al trapo de estos planteamientos  y ensucien su estructura organizativa con estas posiciones cuyo impacto en la eficiencia operativa no solo puede ser neutro y tener impacto económico, sino que incluso puede llegar a ser negativo.

Será negativo si para vestir el muñeco, el dg sustrae responsabilidades de otras funciones y se las coloca a su adlátere. Sin llegar a esos extremos ese adlátere, en cualquier caso, será siempre un estorbo con el que los directores funcionales tendrán que lidiar, siendo su castigo aun mayor cuando el individuo en cuestión es además aplicado y quiere justificar su contribución preparando reuniones, pidiendo informes e inventando “proyectos innovadores”

Además del impacto negativo, la existencia de esas posiciones delatará la falta de profesionalidad del dg si este ha concebido esa posición con la finalidad de crear un stopper entre él y la organización para vivir más tranquilo sin el agobio y la molestia de atender a sus reporters, aunque la alternativa sea perder el tiempo en multitud de inútiles reuniones. Así, será también descalificante si el dg utiliza al acólito como brazo armado de su actividad, ya que un dg debe tener un mínimo nivel de ejecución, por lo que si para llevarla a cabo necesita soporte, debería coger a un ayudante, perfil joven y con potencial para el que un stage cerca de la dg le sirva como desarrollo.

Me he encontrado con frecuencia ese tipo de posiciones en organizaciones heredadas y siempre mi primera decisión ha sido cargarme la posición para oxigenar a la parte de organización obstruida por el adjunto y para establecer una organización en la que todos mis reporters tuvieran una responsabilidad de negocio o una función de staff horizontal.

De los inquilinos de esas posiciones, sinceramente mas fracasos que éxitos en su recolocación, porque gran parte eran managers con fecha de caducidad rebasada. De los restantes, algunos estaban completamente despistados ya que teniendo cualidades profesionales habían asumido su adjuntía como un paso en su carrera profesional y se consideraban al mismo nivel, si no por encima, de los verdaderos managers de negocio, y les daba  pereza o les parecía  un paso atrás cuando se les ofrecía una posición de negocio interesante y acorde a sus capacidades. Y cuanto más tiempo habían ejercido la adjuntía, más difícil era su reinserción en la vía principal, porque con el paso del tiempo su desarrollo se había visto mermado frente al resto de managers y empleados de línea.

El director general es responsable de la p&l y para conseguir los resultados requiere una organización funcional, con las unidades de negocio y las unidades de staff. Su labor es diseñar un modelo de negocio, una estrategia y dirigir a su equipo para que asuman toda la responsabilidad y ejecución de los planes. Debería dar prioridad a estar disponible para su equipo y, sin inmiscuirse en su labor, pasar el máximo tiempo con ellos como su primera prioridad.

Y esta labor es indivisible, tiene más de pensar y dirigir que de ejecutar, por tanto para llevarla a cabo no suele requerir de recursos extras fuera de la organización funcional. Si así fuese la primera opción es tirar de recursos funcionales y la segunda coger recursos de apoyo con perfiles de jóvenes en desarrollo y con asignaciones temporales, pero nunca es una opción ni recoger a un protegido, ni montar una estructura y dar galones a quien la dirija.

Mánagers de negocio y mánagers de gestión

Se podrían buscar muchas maneras para categorizar a los mánagers en función de los diferentes parámetros de industrias, funciones, niveles, canales, etc., pero voy a hacerlo de una manera muy global dividiéndolos en dos categorías: aquellos que diseñan, crean y dirigen empresas y unidades de negocio; y aquellos que trabajando para los anteriores son responsables fundamentalmente de la ejecución.

La división entre mánagers de negocio y mánager de gestión se marca con claridad entre aquellos, los primeros, cuya razón de ser es tanto el negocio como la estrategia asociada y los segundos, a los que no se les pide esa capacidad a la hora de gestionar.

El mánager de negocio debe diseñar un modelo de negocio y una dinámica de funcionamiento, para luego crear el mejor equipo de mánager de gestión, al que entregará sin ambages toda la responsabilidad de la ejecución.

El mánager de gestión, con esa dinámica de funcionamiento, debe poner todo su esfuerzo en la ejecución, rodeándose de los mejores y dejando espacio para que estos equipos se puedan desarrollar y cumplan consistentemente los objetivos.

Ambas categorías comparten todos los elementos de un decálogo de dirección, aunque en algunos aspectos si se muestran diferencias sustanciales:

- People management: dimensionar y perfilar.

- Espíritu ganador.

- Habilidades personales.

- Técnicas de Management.

- Networking.

- Trabajo con otros mánagers a su cargo: el mánager de gestión empezará a practicarla antes de pasar a mánager de negocio cuando los grupos que dirige requieran más de un nivel.

- Toma de decisiones. Aquí también existe una gran diferencia entre el tipo de decisiones que debe tomar uno y otro, ya que en el caso del mánager de negocio tendrán mayor complejidad y sobre todo tendrán una influencia mayor en términos económicos y en términos de las personas afectadas.

El instrumento de navegación de un mánager de gestión es el mapa y el instrumento de navegación del mánager de negocio es la brújula, de modo que estos dos instrumentos no son sustitutivos ni intercambiables. Con la brújula hay que fijar la dirección y entregar las indicaciones al siguiente nivel para que éstos sobre un mapa tracen el plan de acción.

El mánager de negocio tiene que dedicar mucho tiempo a pensar y crear mientras que el mánager de gestión debe dedicar toda su energía a ejecutar, aunque ambos deben tener el máximo de respeto al desarrollo de sus equipos siendo consistentes entre lo que dicen y lo que hacen.

Un CEO o un Director de Unidad de Negocio de una gran compañía serían mánagers de negocio, mientras que un director comercial o cualquier otro director funcional, y a partir de ellos hacia abajo, serían mánagers de gestión.

En una compañía pequeña o mediana quizás el único mánager de negocio es el director general o dueño y el resto serian mánagers de gestión.

Por supuesto que esta clasificación no es rigurosa y simplemente trata de hacer una división de raya gorda, matizable y con necesidad de adaptación a cada compañía concreta.

Todo mánager, sobre todo aquellos que tengan aspiraciones de crecer, tienen que tener sentido de negocio, aunque es verdad que en el mánager de gestión debería estar latente y ser utilizado por este para entender bien lo que le viene de arriba, y si así es requerido por los mánagers de negocio, poder colaborar en la confección de modelos de negocio o estrategias. Ambas, negocio y gestión, son categorías simbióticas que deben trabajar juntas pero no revueltas siendo muy importante no confundir ambos papeles.

Cuando una compañía necesita una decisión de modelo de negocio o estrategia, ésta necesita un mánager de negocio que la tome. Así, sería un craso error que ese mánager de negocio se limitase a tomar medidas operativas de gestión que no solucionasen los problemas estructurales y que como mucho maquillarían los resultados para hacer languidecer por más tiempo a una compañía ya agotada.

No todos los mánagers de gestión podrán dar el salto a la categoría de mánager de negocio porque ese paso, desde mi punto de vista, es muy selectivo y para nada automático. El ingrediente fundamental para dar ese paso es el sentido de negocio, que se tiene o no se tiene, pero también se necesita un mánager capaz de trabajar exclusivamente en el área del pensamiento estratégico  y la faceta de people management, sin asomarse en la ejecución y sin inmiscuirse en cualquier decisión de gestión que emane de sus decisiones de negocio.

Cuando alguien sobrepasa esa línea indebidamente los resultados de la compañía se deterioran y se producen en la organización unos daños cuyas secuelas serán difíciles de restañar.(http://elmalabar.es/2012/07/11/cuando-la-ambicion-no-se-corresponde-con-la-capacidad-para-dirigir/)

Pirotécnicos o pirómanos

A partir del post “el manager escaparate”, Cristina me sugiere otro comportamiento que expresa así: “Por cierto leyendo el manager escaparate, me vino a la cabeza el jefe escaparate (bueno en realidad no es escaparate sino el fuegos artificiales): toda su obsesión es poner encima de la mesa del jefe que está por encima algo espectacular (muchos millones en poco tiempo, una superoperación, una idea brillante,….) y tiene a todo el equipo con foco en eso: cómo puedo impresionar y demostrar lo bueno que soy en vez de centrase en construir solido (eso queda peor en una presentación). En estos casos, cuando están cuestionados la cosa degenera una barbaridad “. Tras leer esta descripción, he caracterizado este comportamiento como de un pirotécnico, que en realidad resulta ser un pirómano.

Ésta es una situación que requiere un big pocket, ya sea en alguna gran compañía o por parte de algún incauto con capacidad de inversión, que busca destacar en un terreno que le es completamente ajeno, por estar fuera del ámbito de actividad que le ha proporcionado esa capacidad de inversión. Posiblemente esto también se podría dar en pequeñas y medianas compañías, y de hecho seguro que se dan, pero en esta pequeña dimensión el efecto de fuegos artificiales no existe, y por tanto y para ser fiel a la sugerencia, no consideraré estas situaciones.

El catalizador del experimento (comportamiento) es la diferenciación, ingrediente que se requiere en todos los órdenes de la empresa y que es tan valorado y buscado por los responsables de negocio. Y este aspecto tan necesario en una buena estrategia, se convierte en el elemento distorsionador de todo lo que luego acontece ya que para evaluar un proyecto de este calado, no sirven las magnitudes, parámetros y métricas de los proyectos vulgares BAU (business as usual) que, como Cristina dice, solo aportan solidez y consistencia sin retorno rápido para un manager muy ambicioso. La diferenciación solo se supone posible en mentes tremendamente creativas y la creatividad al ser un concepto intangible, se percibe mucho mas fácilmente aderezada con espectacularidad.

Y cuando tú te olvidas de lo que te han enseñado en las Escuelas de Negocio y la experiencia acumulada de muchos managers, y empiezas a despreciar los parámetros de la economía real para contar clicks, o expectativas de futuro inconsistentes, pues pasa lo que pasa: burbuja al canto, inversores damnificados y pirómanos con trajes ignífugos que se salvan de la quema y que apelando a la necesidad de acumular fracasos para llegar a un éxito, buscarán un nuevo incauto que les siga financiando su piromanía.

Durante este proceso, el coste de las cosas pierde su importancia y cualquier servicio o acción asociado al proyecto multiplica por 10 o por 50 (por decir algo) de su valor real, porque todos esos costes se comparan contra  “muchos millones en poco tiempo” y en esa escala, el peso de esos costes es ridículo comparativamente con el output esperado.

De alguna manera la piromanía se extiende y a ese manager se le unirán al menos un consultor y una empresa de comunicación al uso, de modo que con ese núcleo, se formarán equipos en la empresa y en sus proveedores de servicios que gastarán como cosacos y montarán unos firework espectaculares. Posiblemente la compañía de comunicaciones gane un premio y quizás en algunos casos, el consultor no sea un invitado sino el ideólogo del pirómano. Así,  todos contentos, aunque a la compañía le cause un importante quebranto económico e incurra en un importante coste de oportunidad, por no haber dedicado esos recursos a planes sensatos y consistentes.

Este manager de fuegos artificiales trasciende al manager escaparate (http://elmalabar.es/2013/01/23/el-manager-escaparate/), ya que tiene habilidades que pertenecen al manager cuantacuentos( http://elmalabar.es/2012/05/09/los-cuentacuentos/) y a la vez pertenece a la escuela de pensamiento de el manager como líder (http://elmalabar.es/2012/06/06/una-nota-discordante-sobre-liderazgo/), tan denostado por mí. Por otro lado, suele ser un súper fichaje que viene a revolucionar la compañía en un contexto de un CEO visionario que carece de  visión pero que conoce los registros del “liderazgo”, o un interno que se cree tocado por una varita mágica, que suele tener la confianza y amistad del que manda y cuya soberbia le hace abusar de dicha confianza, ponerse a la compañía por montera y dar rienda suelta a su alto coeficiente intelectual o a su selecta formación.

He vivido alguna de estas situaciones y ninguna ha salido bien, y como a mí, a mucha gente le ha parecido un timo. Sin embargo, estos casos nunca han pasado a la historia como fracasos sino como éxitos creativo/diferenciales porque los que los han consentido y apoyado tendrán mucho cuidado que no consten en sus hoja de servicios aunque a la compañía le ha costado muchísimo dinero, cuando no su continuidad.

Ni pirotécnicos ni pirómanos, auténticos petardos.

Cuando la ambición no se corresponde con la capacidad para dirigir

Es natural que la insensatez lleve a un ambicioso por encima de su nivel de incompetencia, pero no es natural y además me parece un grave error que haya managers que propicien esa insensatez porque cuando tienen que tomar esas decisiones tienen tendencia a deslumbrarse por expedientes brillantes que además son “lideres carismáticos”, apostando por la carrera profesional de esos galácticos sin preocuparse por su habilidad para el people management.

Os cuento una película repetida frecuentemente:

Un galáctico pero sin capacidad para dirigir llega a una nueva posición que ya está por encima de su nivel de incompetencia pero con todo el apoyo de quienes le han nombrado, normalmente llega como salvador y por tanto no cuenta con nadie del equipo actual y en vez de prescindir de ellos y construir su propio equipo construye una organización paralela en la que va incorporando a sus acólitos, gente nueva que él se trae o corchos( ver blog http://elmalabar.es/2012/05/16/los-corchos/)que intentan integrarse para seguir flotando. El toma todas las decisiones y utiliza a gente con conocimientos técnicos para que ejecuten.

Los resultados no acompañan, la organización está rota y por encima del manager empiezan los nervios y quienes habían decidido por el galáctico y no quieren reconocer su error, mediante arabesco lateral le promocionan, le dan más responsabilidad en otro lugar y vuelta a empezar. Claro cuando esto ocurre en un plazo muy corto, digamos uno o dos años, aunque la promoción sea más o menos real esto suena a que el galáctico ha sido fulminado.

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No es fácil ser top manager de una gran compañía, y por eso es muy fácil identificar de inmediato a alguien que no va a ser capaz de llevar a cabo esa responsabilidad y está abocado a un fracaso estrepitoso. He sido testigo de situaciones de este tipo y estoy seguro que muchos de vosotros también, y es muy frustrante ver como la situación se va deteriorando porque desde el minuto 1 era muy evidente que la nominación había sido un error.

Son bastantes los pecados capitales de un manager y normalmente se van haciendo patentes a medida que en el manager se produce un desequilibrio entre su trayectoria profesional y su evolución real, pero entre todos los pecados me quedo con la incapacidad para desaprender y que consiste en no realizar las tareas asociadas a etapas anteriores del manager y de las que ahora son responsables los miembros de su equipo.

Y me quedo con este pecado porque con toda claridad retrata a un manager que no está capacitado para la nueva función pero que además se cree que está más capacitado  que sus colaboradores para las funciones que estos tienen que hacer (y posiblemente sea verdad). Pero claro a él ahora le pagan por hacer bien su nueva función y no le pagan por ser el más listo de una clase a la que el ya no pertenece.

La usurpación de responsabilidades desarrolla un vicio, el nanomanagement ( ver blog http://elmalabar.es/2011/06/21/nanomanagement/ ), que es pecado venial cuando el manager no pasa de ser un supervisor pero que se convierte en mortal cuando es el modus operandi de un Ceo o director funcional de una empresa grande.

Ese comportamiento es inadecuado porque es imposible que así se obtenga resultados pero además impide que los colaboradores de ese manager se desarrollen y se sientan reconocidos. Y como en la película que os contaba las organizaciones quedan destrozadas.

El éxito de un Ceo o de un manager funcional que maneja una organización importante es conseguir reunir el mejor equipo profesional tratando que cada uno de ellos sea mejor que él en su especialidad, asumiendo que este desequilibrio es sano y necesario y haciéndose respetar por todos ellos porque es capaz de definir una estrategia y un marco de actuación donde cada uno de sus colaboradores brille con luz propia.

¿Por qué se comete este error con tanta frecuencia? Creo que los expedientes brillantes con “liderazgo carismático” convierten a sus poseedores en una clase de superman que desprecian olímpicamente la componente de people management, vaya yo creo que el people management es incompatible con estos perfiles. Entre ellos se van eligiendo y extendiéndose como una mancha por la organización y cuando llegan al top erradican de la estructura de manager a aquellos que no sean galácticos aunque tengan excelentes dotes para el people management.

Reivindico la capacidad de people management como elemento fundamental del buen manager y me encantan los buenos expedientes siempre y cuando no sean un inhibidor del sentido común.

M&M: ¿Lista de invitados o menú?

M&M no es una abreviatura que tenga nada que ver con Management, Merge o cualquier otro vocablo relacionado con la actividad empresarial, sino que se refiere simple y llanamente a los caramelos de esa marca.

Voy a escribir sobre reuniones de trabajo pero voy a apalancarme en el anuncio de estos caramelos que están emitiendo en televisión. Dos M&M corriendo a contra cinta en un supermercado, tratan de huir de una cajera. Cuando han sido capturados y se encuentran en las bolsas de la compra, el más optimista mira al ticket de caja y le dice a su compañero “mira estamos en la lista de invitados” y el compañero sarcásticamente le aclara que es el menú.

Viéndolo me ha venido a la cabeza la analogía con algunas reuniones donde alguno de los participantes se cree que está en la lista de invitados, pero que realmente va a ser carnaza para éstos.

Las reuniones tienen la tendencia natural a ser bastante inútiles, aunque el organizador las convoque con la mejor voluntad, por lo que si no se pone cuidado a la hora de organizarlas está garantizada la pérdida de tiempo.

Quien la convoca tiene que hacerlo: para tomar una decisión, para discutir un tema o para informar; y no tiene que hacerlo para su lucimiento personal o para sentirse importante. Así, decidir no es discutir, ni discutir es informar, ni por supuesto informar es tomar decisiones.

La reunión se debe conducir procurando que los participantes se sientan cómodos y estén tranquilos, para que en ese entorno den lo mejor de ellos mismos. Del mismo modo, el conductor debe evitar escenificar desencuentros, descalificar a quien opine y cobrarse deudas pendientes.

En el libro “No abras los ojos” de John Verdon  me encontré un párrafo que hacía referencia a una reunión de trabajo en una comisaria en la que uno de los participantes, a la salida, perfila a los asistentes:

“No ha ido mal. Un público variopinto: todos los tipos básicos. Siempre está el grupo cauto, los que esperan y observan, los que creen en decir lo menos posible. Los pragmáticos, que quieren saber exactamente cómo pueden usar toda la información que les das. Los minimalistas, que quieren saber lo menos posible, implicarse lo menos posible, hacer lo menos posible. Los cínicos, que quieren demostrar que cualquier idea que no se les ha ocurrido a ellos antes es una estupidez. Y, por supuesto, el grupo «positivo», que es probablemente el más numeroso, los que quieren aprender todo lo que puedan, ver más claramente, convertirse en mejores”.

 Posiblemente falte algún perfil y quizás algunos de ellos se podrían definir de otra manera, pero en casi todos las reuniones se encuentran casi todos.

Los cautos no deberían estar, porque las reuniones deben ser participativas y todo aquel que es convocado debe participar. Sí, ya sé que hay reuniones en las que el número de participantes imposibilita una dinámica correcta (ver blog http://elmalabar.es/2012/03/28/los-comites-ejecutivos-y-los-circos-romanos/), pero si el número de participantes fuese el correcto y el conductor diese pie a ello, las actitudes cautas serían improductivas y descalificarían al sujeto para estar allí y posiblemente darían muchas pistas sobre su compromiso.

No esta mal el pragmatismo cuando es activo, pero cuando se trata de tomar al dictado lo que allí se habla, se queda un poco corto por la falta de aportación de ideas. Cuando esto sucede, ese perfil es prescindible porque con unas buenas minutas después de la reunion conseguiría, la concreción que pide.

Los minimalistas abundan, porque hay mucha gente que se siente importante cuando es parte de un comité o es invitada a una reunión de nivel, pero son conscientes que no es su lugar natural e intentan salir ilesos.

 Hay gente que se ve también abocada a asistir en representación de alguien y en esos casos, su actitud suele ser también minimalistas. En este sentido, yo nunca he sido partidario de las sustituciones y he preferido que alguien faltase a una reunión antes de enviar a un sustituto, además de que nunca he entendido ni aceptado las ausencias frecuentes. Por último hay gente que no pinta nada, que está allí por una concesión a la galería del conductor, debido a esos argumentos blandengues que se suelen utilizar en las empresas para contentar a alguien o por evitar posibles agravios comparativos.

Los que sí suelen abundar son los cínicos, si el conductor lo permite (quizás cuando él es uno de ellos), y son la nota discordante porque son auténticamente nefastos ya que a diferencia de las categorías anteriores, que simplemente gastaban café y oxígeno, éstos son contraproducentes para la marcha de la reunión.

En la reunión de la comisaria que he citado, la mayoría eran positivos y por eso el protagonista se iba contento. Lo ideal es que todos los participantes fuesen positivos y además pienso que es posible conseguirlo, cuando los participantes en número y criterio son correctamente elegidos. Además, el conductor se debe centrar en conseguir los objetivos de la reunión mediante la creación de un entorno participativo y cómodo.

Para finalizar, la ideas principales son las siguientes:

- No hagamos ni una sola reunión por encima de las estrictamente necesarias.

- Convoquemos a quienes pueden y están dispuestos a aportar, prescindiendo del resto.

- No conduzcamos desde arrogancia, la infalibilidad y la autoridad.

- Creemos un entorno participativo pero ordenado, donde no se saldan deudas ni se hace escarnio público.

Con todo esto, posiblemente la reunión sea productiva. No obstante, ante la duda, nos damos mus y pasamos de convocar la reunión, seguro que no pasa nada.

Las edades del manager

Hoy voy a definir las fases que se suceden en la carrera profesional de un manager, que aunque es algo que no me gusta demasiado, porque la carrera es continua y establecer las fases es algo teórico, sin embargo creo que ese encasillamiento puede ayudar a ver la evolución de los aspectos básicos del management, a lo largo de la carrera. De este modo, me gustaría dejar claro que no es lo mismo evolución que ascenso y de hecho el ascenso debería seguir a la evolución.

De todos los aspectos que caracterizan a un buen manager voy a elegir algunos de los que considero más significativos :

  • Background : La preparación y habilidades personales del manager.
  • Conocimiento de negocio: Se construye desde un determinado conocimiento funcional y se convierte en uno de los elementos claves para la evolución. Es un elemento básico para desarrollar el criterio del manager.
  • Técnicas de management: Planificación, estrategia, ejecución, comunicación, capacidad de síntesis, etc.
  • People management: Sin este aspecto nunca se llegará a ser un buen manager, ya que tienen que entender que su equipo debe tener espacio y él se debe mostrar comprometido con su desarrollo.
  •  Experiencia : La experiencia irá desarrollando y mejorando el criterio del manager, así como sus decisiones irán mejorando a medida que mejora su criterio, aunque esas decisiones se verán afectadas por su madurez.  En las primeras fases serán decisiones más valientes, que luego se irán atemperando y haciéndose más prudente, porque la madurez aumentará su sensibilidad hacia las consecuencias no deseadas de las decisiones. La experiencia es finita y llegado un momento, se convierte en un factor bloqueante y negativo.

De este modo, las fases serían las siguientes:

Manager potencial: Esta fase debe ser lo más larga posible ya que la carrera profesional es también muy larga. Estamos en una época donde las estructuras se achatan y las nuevas posiciones de management escasean y es por este motivo por lo que no se debe tener prisa en tomar la decisión. Se debe aprovechar el buen hacer del empleado en su posición actual y alargar un poco más de lo que podría parecer razonable.

Nuevo manager : Una fase delicada porque en ella es básico el apoyo al nuevo manager por parte de la persona que le ha nominado, para que sus primeros pasos sean los correctos y no adquiera vicios irreversibles. El nuevo manager debe tener personalidad y valentía para asumir las responsabilidades de su role, pero tiene que ser consciente que le queda todo por aprender. Es importante que desde el inicio afronte el manejo de su equipo con interés y que desde el primer momento entienda que dirigir es tener el mejor equipo posible, siendo el resto de factores importantes, pero complementarios.

Quizás este nuevo manager tenga mucho más conocimiento que otros managers con más experiencia y con mayores responsabilidades, pero debe respetar esos perfiles porque le ganan en experiencia.

Manager en evolución ascendente: El aspecto fundamental para su crecimiento es su evolución en people management, y es un periodo muy interesante ya que aunque el manager no ha llegado a su plenitud y todavía esta corto de experiencia, sigue ilusionado por nuevos retos. Es todo motor, ambición, valentía y agilidad en la toma de decisiones.

Manager en plenitud: Esta es la etapa en la que se produce la mayor contribución del manager y en la que debe asumir la máxima responsabilidad de su carrera. La duración de esta fase dependerá mucho del “estado de forma” del manager y de su capacidad para mantener vivos los registros de ilusión de la fase anterior ahora con mayor madurez. Tiene que mantener también vivas sus ganas de aprender.

Manager maduro: Aquí se suele llegar una vez rebasado el punto de inflexión en la etapa anterior. Todavía se es un buen manager capaz de seguir contribuyendo significativamente, pero sus responsabilidades no deberían aumentar sino que se deberían adaptarse a su competitividad real. Las posiciones a ocupar en esta fase deberían ser acotadas en el tiempo desde el primer momento y por supuesto ser tanto reales como con contribución relevante. Sin embargo, tanto el manager como su jefe deberían ser conscientes que esta debe ser la última fase y conjuntamente deberían buscar alternativas distintas de la desvinculación. Pero  mi experiencia me dice que estas situaciones se suelen manejar mal, porque el manager se aferra a su posición y teme desencadenar el final y los responsables de decidir sobre esa persona tienden a contemporizar con excelentes y sólidos argumentos humanos (post forward to the past http://elmalabar.es/2012/02/08/forward-to-the-past/ ). Pero este es un camino erróneo que lleva a la última fase.

Ex manager en activo : El manager maduro que insiste mas allá de donde su competitividad recomienda, va degenerando en un zombi que es mantenido artificialmente en posiciones que ya no le corresponden. Así, acaba en un cementerio de elefantes o habita en una casa de acogida o incluso se le mantiene en su posición con el consiguiente quebranto para los resultados del equipo y para la moral de sus componentes. Tampoco es un buen ejemplo para los manager con verdadero potencial de la organización, que son conscientes de que sus carreras se ven o se pueden ver truncadas por esta política.

Para los que toman decisiones, la duraciones de las fases se deberían alargar mientras que el manager no ha llegado al punto de inflexión de su desarrollo, para acortarse después de este y manejar correctamente la fase de maduración para evitar llegar a la última fase.

Para terminar, dejado representadas a modo de tabla, las ideas desarrolladas en este post. Hay que considerar que las valoraciones son relativas (un manager en plenitud tendrá todavía un conocimiento alto pero comparativamente menor que las nuevas generaciones).

Una nota discordante sobre Liderazgo

Liderazgo o condición de líder se utiliza con profusión como característica , hilo conductor y destino de un manager . Sinceramente me parece fuera de lugar porque la condición de líder es innata y no se puede enseñar , el que la tiene la desarrolla pero el que no la tiene difícilmente la tendrá .

Me tomo muy en serio el desarrollo de managers y por eso me parece una tomadura de pelo que se hagan estos planteamientos tan rimbombantes pero que a la vez son tan disuasorios para muchos managers intermedios, o directores y dueños de compañías pequeñas y medianas que ante semejante planteamiento se inhiben de esa formación que tanto necesitan,  pero que tal como está diseñada no creen que sea para ellos. Una situación comparable seria que una Autoescuela hablase de pilotar un F1 como enfoque de formación para aprobar el carnet de conducir.

Pero la buena noticia es que para ser un buen manager no es necesario ser un líder, para ser un manager hay que :

  • Tener ganas de ganar
  • Saber gestionar recursos
  • Establecer y seguir una cultura del esfuerzo
  • Influir a través de una buena comunicación
  • Buscar sin descanso tener a los mejores profesionales en el equipo

Y para ello hay que:

  • Conocer las herramientas de gestión para crear, ejecutar y controlar  un plan
  • Crear unas normas de funcionamiento
  • Comunicar formal e informalmente el plan y las normas de funcionamiento
  • Ser cercano y estar disponible para hablar con todo el mundo
  • Ser consistente en la ejecución  con el plan y las normas, y predicar con el ejemplo
  • Dejar espacio para que los componentes del equipo ejerzan su responsabilidad y crezcan profesionalmente sobre esa base
  • Utilizar con rigor las evaluaciones y planes de desarrollo

Si el manager conoce las herramientas , aprende a dirigir gente y va desarrollando su criterio para tomar decisiones adecuadas en el momento oportuno será un buen manager y como veis en lo dicho hasta ahora no hay la mínima mención a liderazgo. Que un manager además tiene cualidades innatas de líder , pues le costara menos trabajo dirigir y quizás podrá llegar a una posición mas alta en su carrera profesional.

Y qué fina es la línea que separa aparentemente al líder del cantamañanas y que desproporción numérica existe entre unos y otros , los lideres son muy pocos pero los que se  invisten de líderes después de haber asistido a un par de cursos son legión, aunque el vestido no es tal, sino un disfraz que encubre personas dicharacheras , extrovertidas y auténticos cuentacuentos http://elmalabar.es/2012/05/09/los-cuentacuentos/

Liderazgo da glamour a la posición de manager y lustre a la aburrida formación,  pero un profesional tiene que llegar a ser manager por su vocación y pasión por el desarrollo de personas, y asumiendo que no es una posición glamurosa  aunque quizás sí bien pagada , sino una posición sacrificada en la que recibes mucho menos de lo que das si realmente eres un manager comprometido con tu empresa y con tu equipo.

Se necesitara un líder en el inicio desde cero de un proyecto que tenga un alto componente innovador pero hoy en España el 90% de los managers no están enredados( y quizás nunca lo estarán) en esos menesteres sino que se suben en proyectos que ya ruedan y en los que se les pide que gestionen una parte.

Y desde luego hoy, año 2012, la prioridad es conseguir resultados a corto plazo , algunas veces bordeando la supervivencia. Dame buenos managers aunque nunca lleguen a ser líderes y Dios me libre de los “líderes” que no saben dirigir.

Los Corchos

Hace años, le escuché a un amigo por primera vez el término corcho en referencia a managers de una compañía y me lo adueñé, porque me parece la mar de elocuente hacia la carrera profesional de algunos managers. Un corcho es un manager que independientemente de cómo vayan las cosas e independientemente de su performance, siempre se mantiene a flote. Estos corchos son fáciles de identificar, porque ocupan posiciones envidiables pero cuando analizas su dilatada carrera, te cuesta muchísimo trabajo encontrar alguna aportación real.

En aquellos tiempos donde todo valía, el corcho era una cara más de las muchas que adoptaba la improductividad y por tanto, parte del escenario general. Pero ahora, cuando parece que se empieza a cuestionar la improductividad, es el momento de identificar estos comportamientos y erradicarlos de las organizaciones, porque como dice Sabina “con perdón no perdí una hija sino que gane un cuarto de baño” que traducido sería “no perdí un manager sino que gane una plaza de aparcamiento”.

El secreto de la flotabilidad es su aversión a asumir  responsabilidades, característica que les hace inmunes a los fracasos  y por tanto les posiciona fuera de la zona de peligro. El segundo elemento, es un protector en la figura de un manager que valora la “lealtad ” por encima de todo.

Hay dos itinerarios para llegar a ser un corcho. El primero está relacionado con las organizaciones complejas que dan pie a responsabilidades poco claras y de las que las compañías multinacionales son el mejor ejemplo a no seguir. El segundo está basado en las redes perversas que existen en las compañías en las que prima la lealtad hacia el jefe de un clan que es parte de una red, en la que cada vez más, se van diluyendo los intereses de empresa en favor de los particulares de los componentes de la red (muy ilustrativa la dinámica de los partidos políticos, pero que también ocurre en las empresas).

Los corchos de la primera categoría se han desviado de una mejor carrera profesional porque tanto en las multinacionales como en las organizaciones matriciales y verticalizadas, se crean continuamente posiciones globales que se implantan en los países y que tienen responsabilidades “compartidas”, con un role caracterizado por intermediar entre su jefe del headquarter y los responsables reales de negocio en el país.

Por otro lado, también se crean tanto puestos artificiales como proyectos ad hoc, que nunca están dentro de las Unidades de Negocio y por tanto carecen de responsabilidades, siendo ideales para los corchos. Si un corcho  tiene suerte y su compañía puede invertir en temas “estratégicos”, el corcho habrá encontrado la horma de su zapato  pudiendo pasarse  toda su vida de un proyecto a otro, sin hacer realmente nada útil pero quizás llegando a ser miembro del comité de dirección.

Otras veces el acorchamiento se inicia a través de las posiciones de Program Managers, muy comunes en grandes multinacionales y en muchos casos necesarias, porque un top manager en un país, tiene que lidiar con ingentes tareas asociadas a su relación con el HQ. Hasta ahí perfecto, el problema es cuando esas posiciones se categorizan muy alto, equiparándola con managers de negocio o funcionales con autenticas responsabilidades. Las posiciones de  Program Manager  son puro staff y se deben utilizar para que managers de categorías inferiores tengan la posibilidad de aprender ayudando a un director general, por ejemplo, y para que ese manager con potencial tenga un training on the job para su desarrollo, sin embargo, nunca se debe convertir en una carrera profesional per se.

Los corchos de la segunda categoría no suelen tener buen CV porque lo básico para mantener su línea de flotación es la lealtad a su jefe, por lo que su evolución estará relacionada a la progresión de su jefe. Si se les empieza a ver el plumero, su protector hablará con otro miembro de la red perversa y le buscarán una nueva posición, por supuesto del mismo rango, sin perder ningún privilegio y donde pueda seguir su carrera.

Hay otro aspecto importante a considerar, que tiene que ver con las estructuras organizativas  de la compañía, en las que cada vez más, se restringen el número de managers en cada categoría. Es aquí donde está el auténtico drama, porque el puesto de dudosa legitimidad que ocupa el corcho impide que se cree una posición productiva en otro lugar de la organización , y un manager inmune al acorchamiento que quiere asumir más responsabilidades no puede hacerlo porque está cubierto el cupo y quizás se vaya de la compañía para buscarse un sitio adecuado a su capacidad actual.

Las acción de descorchar se hace muchas veces para celebrar, y quizás ahora hay pocos motivos para celebraciones, pero yo os recomiendo hacer este tipo de descorche porque es muy ventajoso para vuestras compañías y hace que estas sean más atractivas para sus empleados.