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Bye bye Sir

Sir Alex FergusonNo sé si es correcto utilizar bye bye junto con la distinción de Sir pero sí que me parece muy interesante aprovechar la decisión de retirarse del Manchester United de Ferguson como ilustración de muchos buenos conceptos de management que también forman parte de elmalabar. También es un post que le debía a mi amigo Juanjo autentico estudioso del futbol y fan de Ferguson. He utilizado información de un artículo de Harvard Business Review.

Estar 26 años en la misma posición con un éxito incuestionable es un registro que habla por sí solo de la importancia de la continuidad como factor del éxito. Es llamativo además en un contexto donde se prefiere improvisar cada año en busca del deseado pero inexistente atajo y donde la falta de paciencia de los directivos pone en el disparadero y precipitadamente a buenos entrenadores capaces de conseguir resultados pero incapaces de hacer milagros.

Tengo que reconocer que no soy partidario de un periodo tan largo de permanencia en posiciones de primera línea incluso cuando los resultados acompañan, porque creo que en general esas situaciones se producen cuando los mercados son generosos y se apiadan de la perdida de frescura y capacidad de innovación de ese manager longevo.

Pero con la misma rotundidad prefiero estas situaciones de continuidad a aquellas en las que aparece un asiento caliente al que nadie se habitúa y produce rotaciones continuas. El articulo habla de la capacidad de Ferguson para adaptarse a los tiempos cambiantes con una aproximación científica, utilizando las nuevas tecnologías y adaptando nuevas formas de medir y mejorar el rendimiento de los jugadores.

Este elemento me parece básico porque si consideras los cambios que se producen en el futbol en cinco décadas y los cruzas con la frescura de la innovación no es una quimera pensar que esos 26 años en un mismo puesto se convierten en cuatro o cinco puestos diferentes aunque sin abandonar tu despacho.

El talento y su desarrollo han sido otras de las claves pero además con un compromiso rotundo que ha apostado por la incorporación, pero que además ha complementado con la salida oportuna de aquellos que ya no estaban en disposición de competir objetivamente con los jóvenes, y sin rasgarse las vestiduras cuando se perdía talento por intereses económicos. La salida de los primeros evita taponar el crecimiento de los talentosos y la pérdida de talento nunca es un problema cuando el talento abunda.  Curiosa dinámica en una industria donde prima la aproximación contraria trayendo jugadores experimentados que consigan resultados a corto plazo.

El control del equipo es otra de las características de Ferguson que reconoce que por muy famosos y millonarios que sean sus jugadores él y su criterio son los que mandan. No es una tarea fácil como tampoco lo es en una empresa controlar un equipo de excelentes profesionales. En ambos casos se consigue con una alta dosis de autoconfianza por parte del manager y consiguiendo el respeto profesional del equipo. En el caso de Ferguson su coherencia y su conocimiento del futbol le hicieron merecedor de él.

Permitidme un pero. Su sustituto, David Moyes, ha sido fichado y no era parte de su cuadro técnico. En un proyecto donde la planificación y la consistencia son elementos claves me parece sorprendente que no se haya preparado al sucesor y que hayan recurrido al mercado para captarlo. Y ahí quizás, en este largo periodo, el United haya perdido algunos excelentes componentes de los sucesivos cuadro técnico de Ferguson que hayan sido incapaces de aguantar tantos años para colmar sus más que razonables aspiraciones de convertirse en entrenador.

No creo que el caso de Ferguson pueda ser tomado como modelo porque creo que es excepcional pero suscribo todos los ingredientes que le han llevado al éxito. Y la continuidad siempre vencerá a la improvisación, el oportunismo y otros muchos –ismos.

Harvard Business Review http://www.happyghana.com/index.php?option=com_content&view=article&id=11507:sir-alex-fergusons-harvard-management-techniques-analysed&catid=58:football&Itemid=386

Valoraciones: Criterios y Sentimientos

En el post de la semana pasada (http://elmalabar.es/2013/04/30/que-managers-requiere-la-situacion-actual/) en algún momento mencionaba la necesidad imperiosa para un manager de ser capaz de valorar adecuadamente como uno de los elementos que se requieren en una situación de crisis como la que estamos viviendo. Pero esta cualidad no es imprescindible solamente en tiempos de crisis, sino que también lo es para poder conseguir el mejor equipo profesional y éste es el motivo de este post.

Un mánager debe tener en su cabeza perfectamente interiorizado el perfil ideal de los miembros de su equipo, ya sean mánagers o empleados, y utilizar este marco para:

  •  Identificar a los candidatos con potencial para llegar al perfil ideal.
  •  Establecer evaluaciones periódicas, siempre dentro del mismo esquema, para que esa potencialidad se vaya materializando mediante planes de mejora que ataquen los gaps.
  •  En caso de que ese perfil no se consiga después de los planes de mejora, buscar otras alternativas para la persona, o incluso desvincular a los que su falta de progreso les lleve al incumplimiento sostenido de los objetivos.

Estilos de management, como elmalabar, permiten fácilmente crear esos perfiles partiendo de sus componentes:

  •  Sentido de negocio
  •  El mejor equipo profesional
  •   El trabajo bien hecho como único camino hacia los resultados
  •   Coherencia

A partir de aquí, para cada componente se identifican las conductas y cualidades asociadas que evidencian en qué grado esa componente se da en el manager. A modo de ejemplo el siguiente cuadro es parte del esquema con el que yo he trabajado.

 prueba perfil

Con una estructura de este tipo y mucha práctica, el mánager puede llegar a ser un auténtico experto en observar los comportamientos de sus colaboradores para ir montando y actualizando, sobre la marcha, un perfil profesional que luego después plasmará en una evaluación formal.

La intuición es un comodín que ayuda en muchos aspectos del management pero que en solitario no es recomendable. Nunca me ha gustado la gente con intuición para los fichajes porque “dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”, es decir cuando alguien se califica o es calificado de intuitivo implícitamente se le está descalificando como persona objetiva. Por tanto el inicio de cualquier valoración debe ser absolutamente objetivo, basado en el criterio del manager y fundamentado en el perfil que se busca, y si se es intuitivo este trabajo se realizará con más facilidad y las probabilidades de éxito aumentarán.

Cuando se tiene una valoración hay que ser consecuente con ella y tomar las decisiones adecuadas. Esta última sentencia no tiene desperdicio ya que no vale contemporizar sin tomar decisiones, y además las decisiones deben ser las correctas. Entiendo por correctas aquellas que satisfacen las necesidades puntuales que han provocado la toma de decisión y aquellas que ponen, quita o promocionan al que realmente se lo merece por su valoración.

Los sentimientos, como la intuición, son otro elemento complementario que tampoco puede ejercerse en solitario pero que bien utilizados, añaden alguna consideración colateral a la racionalidad para mejorar la decisión, pero teniendo en cuenta que nunca puede sustituir a esta. Al igual que renegaba del intuitivo porque utilizaba la intuición como sustitutivo de la valoración, reniego del “sentimental” que pondera los sentimiento por delante de la racionalidad a la hora de tomar la decisión o, incluso peor, que incorpora los sentimientos en la fase de la valoración y realiza valoraciones sesgadas ya en el origen, porque “es buena gente”.

La racionalidad está siempre alineada con el sentido común y los sentimientos también lo deben estar, ya que muchas valoraciones tergiversadas hacia arriba como movimiento proteccionista acaban generando problemas irresolubles a futuro y entonces el supuesto protegido queda a los pies de los caballos sin capacidad de reacción.

Desaprender

Este término lo cogí de una campaña publicitaria de un banco, ING, que ilustraba bajo ese slogan una nueva forma de trabajar completamente diferente a la establecida (por ejemplo cobro de comisiones por determinados servicios).

En mi caso me venía muy bien para definir una capacidad imprescindible para que un manager pueda evolucionar desde sus inicios hasta donde sus éxitos le lleven, y que es una práctica que debe tener en cuenta en cada movimiento de su carrera. El término desaprender me parecía una llamada muy aplicable a ese menester.

Desaprender para un manager es abandonar la actividad relacionada con su anterior posición y dejar de pertenecer a una comunidad para comenzar su integración en la nueva. Desaprender es posicionarse desde el primer momento en la nueva plataforma para ejecutar las nuevas actividades, ardua tarea considerando su falta de conocimiento, pero que en cualquier caso debe de acometer con humildad, siendo consciente de sus limitaciones y pidiendo todo el apoyo que necesite, sobre todo a su jefe y a su equipo.

Desaprender es empaquetar todos los conocimientos y experiencia adquiridos y transformarlos en “unidades” de criterio que se vayan acumulando en su background y que desde ese momento sirvan al manager para aconsejar a los miembros de su equipo en su actividad y en su toma de decisiones. Pero esos conocimientos y experiencias pasados se habrían desintegrado y ya no existirían  para realizar las actividades de su antigua posición.

Una incorrecta transición genera problemas en el funcionamiento del equipo porque cuando el manager usurpa las responsabilidades de sus colaboradores está generando ineficiencias ya que los colaboradores estarán condicionados por la sombra alargada de su jefe que coartará su iniciativa, los convertirá en marionetas a su servicio (a nadie le gusta trabajar con el aliento en el cogote) y además impedirá el desarrollo adecuado de estos.

Pero con esa actitud no solo está haciendo ineficiente la labor de sus colaboradores sino que además el estará desatendiendo las funciones propias de su nueva posición, funciones que nadie hará por él y funciones por las que realmente le pagan.

Dos razones llevan a la usurpación y normalmente una mezcla de ambas, y ambas adolecen de falta de autoconfianza en el manager:

  • Miedo a lo nuevo y desconocido y miedo al consecuente fracaso.
  • Falta de confianza en su equipo ya que él ha sido el elegido y considera inferiores a sus colaboradores en algo que él hace mejor y por tanto no se fía de ellos y no está dispuesto a ponerse en sus manos.

Desaprender es muy importante en cualquier movimiento pero hay algunos en especial en los que además de la importancia está presente un mayor grado de dificultad:

  • En la primera vez como manager, ya que es el primer cambio de estas características, es el más radical y el que le pilla menos preparado .Si no se monta al carro de desaprender y nadie le orienta en ese sentido es posible que adquiera ese vicio para siempre.
  • La primera vez en dirigir a otros managers porque es un milestone en su carrera y será un punto de go-no go para el manager con altas aspiraciones. Además si no desaprende su equipo de managers se sentirá muy incomodo.
  • El cambio de manager de gestión a manager de negocio cuando la ejecución pasa a mejor vida y el manager debe centrarse en pensar, diseñar y “no hacer nada” utilizando todo su tiempo energía y conocimiento en modelos y planes de negocio, estrategias y un people management hacia organizaciones más grandes y en muchos casos con los agravantes de distancia y dispersión.

Son bastantes los pecados capitales de un manager y normalmente se van haciendo patentes a medida que en el manager se produce un desequilibrio entre su trayectoria profesional y su evolución real, pero entre todos los pecados me quedo con la incapacidad para desaprender, que con la usurpación de las responsabilidades de su equipo desarrolla un vicio, el nanomanagement, que es otro pecado, venial cuando el manager no pasa de ser un supervisor pero que se convierte en mortal cuando es el modus operandi de un Ceo o director funcional de una empresa grande.

La experiencia

 

Según el diccionario experiencia es “conocimiento de la vida adquirido por las circunstancias y situaciones vividas”.

Cándido Méndez, en su re-elección como cabeza de su sindicato, ha utilizado este argumento para definir la ejecutiva  que tiene que hacer frente a los tiempos que corren y que desaconsejan que gente más joven se incorpore, dando como resultado que no haya ninguna cara nueva. Si alguien joven hubiese utilizado este argumento quizás me lo podría creer, aunque cuestionaría la forma en la que la organización prepara sucesores, pero claro lo dice quien se ve beneficiado por la decisión manteniéndose en el machito y manteniendo a sus acólitos.

Debo reconocer que la continuidad de Méndez es coherente con la obsolescencia de las organizaciones sindicales y sin saber que fue primero si el huevo o la gallina, todo concuerda. Los sindicatos son organizaciones indigentes que viven de la caridad del Estado y de los “liberados de las empresas”, organizaciones sin ningún debate interno y organizaciones (los grandes sindicatos) encamadas, que van a todos los sitios juntas y entre las que no existe ningún tipo de confrontación.

¿Alguien sabe quién es Pili y quien es Mili? , ¿alguien sabe cuáles son sus programas?, ¿en qué se diferencian unos de otro? Pues si la respuesta es la que me temo, más valdría tener solo uno y dedicar la mitad del presupuesto y “desliberar” a la mitad de los liberados. Está claro que los derechos de los trabajadores deben ser defendidos, pero sinceramente no creo que estos sindicatos sean quienes lo deben hacer.

En las empresas también se tira de la experiencia como elemento, ya no como muy deseable, sino como requisito para estar en un comité de dirección. En muchos casos la razón, aunque no tan visible, es la misma que la de los sindicatos, mantener a los componentes del comité en sus posiciones, ya que aunque los resultados sean patéticos, les dispensa la crisis. Y ellos que se han visto arrastrados, de repente van a ser capaces de salir. Vaya, una corriente violenta, pero a favor, te ha descontrolado la embarcación y ahora contracorriente vas a ser capaz de remontar.

La experiencia ni se compra ni se vende y solamente se acumula a través del tiempo pero es pura repetición, sin valor, salvo que esas vivencias se vayan asimilando y se vayan convirtiendo en criterios que vayan mejorando la capacidad de toma de decisiones. Se requiere el equivalente al metabolismo que impide que las calorías se conviertan en pura grasa perjudicial.

La experiencia es el complemento perfecto para quien posee criterio, capacidad de análisis y de síntesis, y así, con esas vivencias asimiladas, se va reforzando esa facilidad para decidir correctamente.

Por tanto la experiencia:

No es acumulación de trienios.

No se adquiere por atajos, pero requiere un organismo preparado para asimilarla.

Cuando un equipo no da resultados, casi automáticamente se puede concluir que no tiene experiencia por muchos años que lleve “dirigiendo”.

Sobre todo tiene fecha de caducidad, porque los nuevos tiempos requieren de nuevas habilidades y nuevas fórmulas que son incompatibles con las anteriores.

La capacidad de management es el elemento fundamental para el éxito, siendo complementaria la experiencia, así, esta ecuación (management x experiencia) arroja siempre un mejor valor siempre y cuando la experiencia no sea cero y por ello en bastantes casos  las nuevas generaciones  suelen ser mejor opción por su preparación para dirigir y mayor frescura para realizar cambios.

En un momento como este hay que apostar por los mejores y más preparados independientemente de la edad y de su DNI, ya que lo lógico sería que en un comité de dirección hubiese siempre una mezcla de gente con experiencia, managers en plenitud y maduros, y gente nueva, es decir, managers en evolución ascendente (ver http://elmalabar.es/2012/06/13/las-edades-del-manager/).

Y ante la duda, si se me pidiese un posicionamiento digital entre experiencia y management skills siempre me iría por la segunda, sobre todo si los resultados son malos o muy malos y se requiere una auténtica regeneración de la compañía.

Mánagers de negocio y mánagers de gestión

Se podrían buscar muchas maneras para categorizar a los mánagers en función de los diferentes parámetros de industrias, funciones, niveles, canales, etc., pero voy a hacerlo de una manera muy global dividiéndolos en dos categorías: aquellos que diseñan, crean y dirigen empresas y unidades de negocio; y aquellos que trabajando para los anteriores son responsables fundamentalmente de la ejecución.

La división entre mánagers de negocio y mánager de gestión se marca con claridad entre aquellos, los primeros, cuya razón de ser es tanto el negocio como la estrategia asociada y los segundos, a los que no se les pide esa capacidad a la hora de gestionar.

El mánager de negocio debe diseñar un modelo de negocio y una dinámica de funcionamiento, para luego crear el mejor equipo de mánager de gestión, al que entregará sin ambages toda la responsabilidad de la ejecución.

El mánager de gestión, con esa dinámica de funcionamiento, debe poner todo su esfuerzo en la ejecución, rodeándose de los mejores y dejando espacio para que estos equipos se puedan desarrollar y cumplan consistentemente los objetivos.

Ambas categorías comparten todos los elementos de un decálogo de dirección, aunque en algunos aspectos si se muestran diferencias sustanciales:

- People management: dimensionar y perfilar.

- Espíritu ganador.

- Habilidades personales.

- Técnicas de Management.

- Networking.

- Trabajo con otros mánagers a su cargo: el mánager de gestión empezará a practicarla antes de pasar a mánager de negocio cuando los grupos que dirige requieran más de un nivel.

- Toma de decisiones. Aquí también existe una gran diferencia entre el tipo de decisiones que debe tomar uno y otro, ya que en el caso del mánager de negocio tendrán mayor complejidad y sobre todo tendrán una influencia mayor en términos económicos y en términos de las personas afectadas.

El instrumento de navegación de un mánager de gestión es el mapa y el instrumento de navegación del mánager de negocio es la brújula, de modo que estos dos instrumentos no son sustitutivos ni intercambiables. Con la brújula hay que fijar la dirección y entregar las indicaciones al siguiente nivel para que éstos sobre un mapa tracen el plan de acción.

El mánager de negocio tiene que dedicar mucho tiempo a pensar y crear mientras que el mánager de gestión debe dedicar toda su energía a ejecutar, aunque ambos deben tener el máximo de respeto al desarrollo de sus equipos siendo consistentes entre lo que dicen y lo que hacen.

Un CEO o un Director de Unidad de Negocio de una gran compañía serían mánagers de negocio, mientras que un director comercial o cualquier otro director funcional, y a partir de ellos hacia abajo, serían mánagers de gestión.

En una compañía pequeña o mediana quizás el único mánager de negocio es el director general o dueño y el resto serian mánagers de gestión.

Por supuesto que esta clasificación no es rigurosa y simplemente trata de hacer una división de raya gorda, matizable y con necesidad de adaptación a cada compañía concreta.

Todo mánager, sobre todo aquellos que tengan aspiraciones de crecer, tienen que tener sentido de negocio, aunque es verdad que en el mánager de gestión debería estar latente y ser utilizado por este para entender bien lo que le viene de arriba, y si así es requerido por los mánagers de negocio, poder colaborar en la confección de modelos de negocio o estrategias. Ambas, negocio y gestión, son categorías simbióticas que deben trabajar juntas pero no revueltas siendo muy importante no confundir ambos papeles.

Cuando una compañía necesita una decisión de modelo de negocio o estrategia, ésta necesita un mánager de negocio que la tome. Así, sería un craso error que ese mánager de negocio se limitase a tomar medidas operativas de gestión que no solucionasen los problemas estructurales y que como mucho maquillarían los resultados para hacer languidecer por más tiempo a una compañía ya agotada.

No todos los mánagers de gestión podrán dar el salto a la categoría de mánager de negocio porque ese paso, desde mi punto de vista, es muy selectivo y para nada automático. El ingrediente fundamental para dar ese paso es el sentido de negocio, que se tiene o no se tiene, pero también se necesita un mánager capaz de trabajar exclusivamente en el área del pensamiento estratégico  y la faceta de people management, sin asomarse en la ejecución y sin inmiscuirse en cualquier decisión de gestión que emane de sus decisiones de negocio.

Cuando alguien sobrepasa esa línea indebidamente los resultados de la compañía se deterioran y se producen en la organización unos daños cuyas secuelas serán difíciles de restañar.(http://elmalabar.es/2012/07/11/cuando-la-ambicion-no-se-corresponde-con-la-capacidad-para-dirigir/)

El día a día del mánager

Javier me pide que trate sobre el día a día del mánager y que comparta mis prácticas en esta parcela de su actividad: agenda, personal assisstant, governance, gestión del tiempo y herramientas y aplicaciones asociadas con todo ello.

No cabe duda de que esta faceta es importante, porque de ella va a depender no solamente la eficiencia del mánager, sino que además puede impactar muy negativamente en la eficiencia de todo su equipo.

El día a día del mánager debe estar supeditado a sus labores mayores, que en el caso de un mánager de negocio son diseñar y dirigir un negocio, y en el caso de un mánager de gestión es gestionar a su equipo en pos de unos objetivos. Así,  el día a día no tiene vida propia fuera de esa dependencia y en este aspecto va a radicar su eficiencia.

De las características que según elmalabar debe presentar una buena función de mangement destacaría cuatro como las que se deben considerar a la hora de definir las tácticas del mánager para llevar a cabo su labor diaria:

Disponibilidad: Para dedicar tiempo a su equipo y construir confianza dotándoles de criterio para ser autosuficientes en sus responsabilidades.

Cercanía: Para ser considerado como parte del equipo aunque en un role diferente al del resto.

Comunicación fluida: Para trasmitir en cada momento las prioridades y para informar de primera mano sobre lo que pasa en la empresa, evitando rumores.

Planificación y seguimiento: Desde una estrategia bien comunicada la planificación y el seguimiento de la actividad del equipo son la base para la consecución de objetivos.

Por otro lado, el assisstant del mánager no debe ni ser un stopper ni atribuirse responsabilidades que cortocircuiten la fluidez en la relación con el equipo, aunque debe asumir toda la responsabilidad sobre la planificación y logística personal del mánager junto con el resto de funciones asociadas a esta posición. Este asistente debe ostentar la propiedad de la agenda del mánager porque desde mi punto de vista, es una buena práctica que una única persona, el assisstant, manipule la agenda. De modo que esto debe de ser llevado a cabo con criterio propio para planificar el tiempo de este, incorporando todas aquellas actividades asociadas y definidas por el governance y completadas con otras acciones asociadas a las prioridades fijadas por el mánager.

De este modo, esa agenda debe reflejar fidedignamente las prioridades del mánager, que aunque dependan del tipo de mánager (negocio o gestión), responderán a la regla, que no se debe olvidar, de que el tiempo mejor empleado será aquel que se utilice con su equipo, ya sea en encuentros formales o informales. Los clientes también estarán en una posición de alta prioridad, aunque este factor dependerá mucho más de la función que desarrolle el mánager.

El mánager debe bloquear en su agenda tiempo para él, siendo ese tiempo mayor cuanto más  mánager de negocio sea, aunque cualquier mánager de gestión también lo debe bloquear por muy cercano a la operación que esté. Por tanto en la agenda del mánager nunca se deben incluir actividades que no sean de su responsabilidad directa, y si con este criterio tiene problemas para llenar su agenda, que se lo haga mirar porque sería un síntoma de incapacidad para dirigir a ese nivel.

El governance también debe ser claro y efectivo, asumiendo el governance del rango superior y en ese contexto, tratando de definir los procesos más relevantes de su unidad, desde la definición detallada hasta los niveles de aprobación, y aunque no hay ninguna regla que rija su estructura, tienen que ser sencillos a la par que precisos. En estos procesos estará incluida tanto la batería de reportes y reuniones, como los deadline y periodicidades para cada uno de ellos. Pero lo más importante es el seguimiento exquisito por parte del mánager como garantía del cumplimiento por parte de todo el equipo.

Ojo con incluir en el governance exhaustivamente reuniones preparatorias y de feedback de las reuniones a las que el mánager debe asistir, ya que se puede convertir en un autentico devorador de tiempo cuando el mánager se extralimita en esas preparaciones bloqueando a una parte importante de su equipo. (http://elmalabar.es/2011/06/21/nanomanagement/)

Los meetings son otra actividad periódica en la que la actitud del mánager va a determinar en gran medida la eficacia de su equipo. La mala prensa de las reuniones es más que merecida porque se abusa de ellas, muchas veces porque el mánager necesita su momento de gloria para mostrar su poder frente a su equipo y otras simplemente son reflejo de una mala organización, donde se han creado posiciones y equipos sin contenido real y que encuentran en la convocatoria de meetings su dedicación básica.

En las reuniones no se debe abusar tampoco del número de participantes y se las debe dotar de contenido, con secciones para la información, pero sobre todo con temas para decisión, porque si no se decide nada la razón de ser de esa reunión será muy cuestionable y más valdría prescindir de ella. Muy importantes también son las sesiones dedicadas a planificación y seguimiento de actividad, ya que las reuniones deben ser el foro donde regularmente se traten estos temas pero con una observación, se debe discutir sobre estrategias, ideas y planes de acción que ayuden a planificar correctamente e identificar medidas correctoras y nunca se deben convertir en una pura batalla de Excel. (http://elmalabar.es/2012/03/28/los-comites-ejecutivos-y-los-circos-romanos/)(http://elmalabar.es/2012/06/27/mm-lista-de-invitados-o-menu/)

En la era de la WEB 3.0 ningún mánager debe ser ajeno a las nuevas tecnologías y sería un error y un síntoma de obsolescencia que fuese reacio a utilizarlas. Los nuevos dispositivos, aplicaciones y herramientas de productividad son un mundo casi infinito al que tenemos que sacar partido en nuestro propio beneficio, evitando que se convierta en un ser con vida propia que articule nuestro comportamiento. Las nuevas tecnologías nunca van a ser la panacea que cubra las ineficiencias estructurales de un mánager y sí pueden afectar negativamente a buenos mánagers con los conceptos de management bien arraigados pero que se dejan llevar por el “state of the art”. Una última salvedad, cualquier herramienta debe estar integrada con los sistemas de la compañía y sin esa condición, no se deberían utilizar.

Y por ultimo, proximidad, disponibilidad y comunicación fluida, deben ser universales. Hay que luchar contra la multiterritorialidad de los equipos y organizaciones evitando que esta característica discrimine a unos frente a otros. Este criterio se debe obviar a la hora de seleccionar a los participantes en la reunión y cualquier governance que se precie debe incluir roadshows periódicos por todos los territorios.

 

El arroz pasado

arroz pasado

Me aprovecho de mi buen amigo Dilbert para ilustrar una situación muy frecuente en nuestras empresas, que ya mencioné en el post de las “edades del manager” (http://elmalabar.es/2012/06/13/las-edades-del-manager/), concretamente en la categoría de “ex managers en activo” y que la protagonizan  aquellos a los que ya se les ha pasado el arroz para la responsabilidad que ocupan, pero que todavía siguen en ella. A nivel personal, es triste enfrentarse a esa situación y por ello en muchos casos, es el manager quien tendría que tomar la decisión, sin embargo éste contemporiza y espera a “no sé qué”, ya que es verdad que son decisiones objetivamente difíciles de tomar, porque no existen alternativas claras.

De este forma, el daño de no tomar la decisión es tremendo para la organización porque ese ex manager en activo va a ser un autentico tapón y una referencia muy mala para todos aquellos que quieren jugar en la última actualización de la organización. Esto es lo que la viñeta refleja claramente, parece que estamos en una compañía preocupada por el desarrollo de sus empleados y que tiene un estilo de management comunicado y visible para toda la organización, de modo que existen empleados que se han visto atraídos por esa compañía y que valoran su esfuerzo para convertir a cada empleado en un excelente profesional.

Hasta aquí todo bien, pero la viñeta también refleja a un manager descolocado, superado por la situación, detrás de su mesa y su pantalla para poner distancia y protegerse, que aguanta la charla sin ser capaz de actuar y cuya única alternativa es hacer valer su autoridad para cerrar la incómoda conversación. Por otro lado, me gusta también la ingenuidad del empleado que está precisamente en el otro extremo, que entiende la situación desde su alto conocimiento pero que no la trasmite bien por falta de experiencia, lo que sirve al manager como punto de apoyo para descalificar su actuación y atrincherarse detrás de la pantalla, de la mesa y sobre su autoridad.

Los CEOs y Directores Generales de las compañías deben entender que no pueden acometer un plan 3.0 si no tienen el equipo de managers capaz de llevar a cabo su implantación. Un buen manager, de los que practican elmalabar o cualquier estilo de management  orientado a tener el mejor equipo, tiene unos criterios de management que le van a mover instintiva y naturalmente a realizar un determinado tipo de dirección y a preocuparse del desarrollo de su equipo. Para ello, no se necesita ningún tipo de programa ni ninguna herramienta específica, aunque el buen manager tratará de aprovechar todas las herramientas existentes que le faciliten su labor. No obstante, nunca requerirá de un elemento externo que le mueva a hacer lo que él bien sabe que tiene que hacer.

Un CEO y un consultor pueden diseñar un 3.0 espectacular que, en teoría, llevará a la compañía a conseguir El Dorado, ya que a través de un equipo de “change management” van a conseguir una rápida y eficaz trasformación de la compañía. Pero si este equipo no cuenta con una estructura de managers o si esa estructura es absolutamente ajena al proyecto o sobre todo, si  no tiene el perfil adecuado, un esfuerzo de este tipo será baldío. (http://elmalabar.es/2011/05/10/la-ineficiencia-de-las-grandes-companias/)

Es muy importante emprender el camino del desarrollo de organizaciones mediante la adopción de un sistema de management que ponga prioridad en el desarrollo de los empleados, pero el primer movimiento en esa dirección debe darlo el primer ejecutivo creando un equipo de managers que responda a esas características. Después, por una aproximación por capas a través de la estructura de managers, se debe llegar a toda la organización implantando las nuevas formas y tomando las decisiones sobre la afinidad de cada empleado dentro del nuevo esquema.

Mientras esto no se haga, los empleados predispuestos, como el de la viñeta, chocarán frontalmente contra una realidad, que no es la que le cuentan en las reuniones con el CEO o en las comunicaciones de RRHH, pero que es verdad y lo seguirá siendo en tanto en cuanto los ex managers en activo sigan ocupando posiciones que ya les vienen grandes. A poco que puedan, esos empleados motivados, con ganas de aprender y progresar, acabarán buscando otras oportunidades de trabajo.

Las herramientas son instrumentos que no tienen ningún valor  si quien las debe utilizar no tiene la necesidad de ellas, porque sus criterios y su esquema de trabajo no contemplan esas modernidades del people development y él ya aprendió hace muchos años a dirigir sin necesidad de esas historias.

El Papa y Rajoy

En esta ocasión, Antonio me pasa un artículo de Forbes en el que se ensalzan determinados planteamientos y actitudes del Papa que la revista considera modelo a seguir por un CEO que se precie, al mismo tiempo que  salen unas declaraciones de Rajoy que ponen un claro contrapunto. A continuación resalto las características que Forbes menciona y la declaración de Rajoy:

- What Pope Benedict Could Teach Corporate CEOs: (http://www.forbes.com/sites/jonathansalembaskin/2013/02/11/what-pope-benedict-could-teach-corporate-ceos/)

 

Stand for something: It’s better to be wrong with conviction than right with calculation.

Lead on substance: Substantive accomplishments build more long-term value.

Break through the clutter: Truth is what’s needed to be said, not saying what we’re supposed to hear.

Risk staying silent: Turns out there may be no inherent value in communicating

Realize you’re not as important as the institution you lead: We marketers talk so much about customer loyalty when loyalty starts within.

- Rajoy: “no he cumplido con mis promesas, pero he cumplido con mi deber”

Me parece muy bueno el artículo de Forbes porque pone énfasis en las bases para un management coherente. Parte de una sustancia imprescindible para marcar y guiar, debiendo existir consistencia entre la sustancia y la actividad posterior, con una comunicación bien realizada como hilo conductor y teniendo claro, por último, el posicionamiento entre el interés personales y los de la compañía. Todo ello cabe en elmalabar aunque echo en falta la componente de people management y su importancia, pero lo que incluye está perfectamente definido.

Forbes refleja una consistencia obsesiva y casi “fundamentalista”: ”It’s better to be wrong with conviction than right with calculation mientras Rajoy tira de frivolidad: “no he cumplido con mis promesas, pero he cumplido con mi deber”.  De este modo, Rajoy se olvida de la sustancia (su promesa) y considera que se puede cumplir con el deber, aún yendo contra la sustancia. He querido utilizar los términos fundamentalista y frivolidad porque indican dos posiciones extremas que automáticamente llevan a sugerir una posición intermedia donde se encuentre la verdad y que defina la posición correcta, puesto que limita las consecuencias negativas de los excesos de los extremos.

Sin embargo, esa regla general creo que no es aplicable a un manager cuando nos referimos a la consistencia con su plan y con la sustancia de ese plan, porque en esa faceta no valen las medias tintas ni los paños calientes, ya que toda su actividad y todas sus decisiones deben estar basadas en los elementos básicos de su plan. Así,  el plan, para ser bueno, tiene que contener esos elementos perfectamente definidos sin que quepa en ellos la interpretación, porque un plan interpretable es un plan flojo que no apostará por nada y que no llevará a ningún sitio.

Cada manager, independientemente de su contexto y entorno de trabajo, tiene que ser la referencia clara, coherente y consistente para su equipo, por lo que no concibo ningún manager sin una estrategia y unas normas de actuación, que sean la plataforma que nunca abandone y desde la que se manifieste y actúe.

Mi explicación para el comportamiento del manager al que le gusta moverse en la ambigüedad, partiendo de su estrategia hasta cualquiera de sus acciones, tiene que ver con la errónea interpretación de la acción de dirigir. Muchos managers interpretan dirigir como mandar, asociando esa matización a hacer “lo que le venga en gana”, de modo que  la acción de salirse del guión lo interpretan como un grado de libertad inherente a su superioridad, trasmitiendo más claramente al resto sus altas cotas de autoridad. Estos managers son conscientes de que seguir el guión te trae problemas y te crea enfrentamientos, que son incomodidades que no aportan nada a sus intereses propios.

Otras veces, la explicación de la inconsistencia viene de la mano de la crisis y las condiciones de mercado, comodín utilizado profusamente para tapar todas las incompetencias de los managers, equipos y compañías.  En esta crisis que estamos atravesando se da la circunstancia de  que muchas estrategias y modelos de negocio han quedado exhaustos, por lo que requieren de una transformación importante que los managers deben acometer, lo que no significa saltarse todo lo anterior e improvisar, sino establecer los nuevos parámetros que alojen las nuevas circunstancias. Si por el contrario, es el manager el que se ha visto superado por las condiciones del mercado, pues debe actuar como el Papa y retirarse, evitando actuar como Rajoy haciendo cualquier cosa por mantener su posición (contra el último mandamiento de Forbes “Realize you’re not as important as the institution you lead”).

Las promesas electorales tienen un sentido más profundo que los planes de negocio de una compañía, pero entender que se hace lo que se debe cuando vas contra el plan descalifica al manager que así actúa y por ende….

Pirotécnicos o pirómanos

A partir del post “el manager escaparate”, Cristina me sugiere otro comportamiento que expresa así: “Por cierto leyendo el manager escaparate, me vino a la cabeza el jefe escaparate (bueno en realidad no es escaparate sino el fuegos artificiales): toda su obsesión es poner encima de la mesa del jefe que está por encima algo espectacular (muchos millones en poco tiempo, una superoperación, una idea brillante,….) y tiene a todo el equipo con foco en eso: cómo puedo impresionar y demostrar lo bueno que soy en vez de centrase en construir solido (eso queda peor en una presentación). En estos casos, cuando están cuestionados la cosa degenera una barbaridad “. Tras leer esta descripción, he caracterizado este comportamiento como de un pirotécnico, que en realidad resulta ser un pirómano.

Ésta es una situación que requiere un big pocket, ya sea en alguna gran compañía o por parte de algún incauto con capacidad de inversión, que busca destacar en un terreno que le es completamente ajeno, por estar fuera del ámbito de actividad que le ha proporcionado esa capacidad de inversión. Posiblemente esto también se podría dar en pequeñas y medianas compañías, y de hecho seguro que se dan, pero en esta pequeña dimensión el efecto de fuegos artificiales no existe, y por tanto y para ser fiel a la sugerencia, no consideraré estas situaciones.

El catalizador del experimento (comportamiento) es la diferenciación, ingrediente que se requiere en todos los órdenes de la empresa y que es tan valorado y buscado por los responsables de negocio. Y este aspecto tan necesario en una buena estrategia, se convierte en el elemento distorsionador de todo lo que luego acontece ya que para evaluar un proyecto de este calado, no sirven las magnitudes, parámetros y métricas de los proyectos vulgares BAU (business as usual) que, como Cristina dice, solo aportan solidez y consistencia sin retorno rápido para un manager muy ambicioso. La diferenciación solo se supone posible en mentes tremendamente creativas y la creatividad al ser un concepto intangible, se percibe mucho mas fácilmente aderezada con espectacularidad.

Y cuando tú te olvidas de lo que te han enseñado en las Escuelas de Negocio y la experiencia acumulada de muchos managers, y empiezas a despreciar los parámetros de la economía real para contar clicks, o expectativas de futuro inconsistentes, pues pasa lo que pasa: burbuja al canto, inversores damnificados y pirómanos con trajes ignífugos que se salvan de la quema y que apelando a la necesidad de acumular fracasos para llegar a un éxito, buscarán un nuevo incauto que les siga financiando su piromanía.

Durante este proceso, el coste de las cosas pierde su importancia y cualquier servicio o acción asociado al proyecto multiplica por 10 o por 50 (por decir algo) de su valor real, porque todos esos costes se comparan contra  “muchos millones en poco tiempo” y en esa escala, el peso de esos costes es ridículo comparativamente con el output esperado.

De alguna manera la piromanía se extiende y a ese manager se le unirán al menos un consultor y una empresa de comunicación al uso, de modo que con ese núcleo, se formarán equipos en la empresa y en sus proveedores de servicios que gastarán como cosacos y montarán unos firework espectaculares. Posiblemente la compañía de comunicaciones gane un premio y quizás en algunos casos, el consultor no sea un invitado sino el ideólogo del pirómano. Así,  todos contentos, aunque a la compañía le cause un importante quebranto económico e incurra en un importante coste de oportunidad, por no haber dedicado esos recursos a planes sensatos y consistentes.

Este manager de fuegos artificiales trasciende al manager escaparate (http://elmalabar.es/2013/01/23/el-manager-escaparate/), ya que tiene habilidades que pertenecen al manager cuantacuentos( http://elmalabar.es/2012/05/09/los-cuentacuentos/) y a la vez pertenece a la escuela de pensamiento de el manager como líder (http://elmalabar.es/2012/06/06/una-nota-discordante-sobre-liderazgo/), tan denostado por mí. Por otro lado, suele ser un súper fichaje que viene a revolucionar la compañía en un contexto de un CEO visionario que carece de  visión pero que conoce los registros del “liderazgo”, o un interno que se cree tocado por una varita mágica, que suele tener la confianza y amistad del que manda y cuya soberbia le hace abusar de dicha confianza, ponerse a la compañía por montera y dar rienda suelta a su alto coeficiente intelectual o a su selecta formación.

He vivido alguna de estas situaciones y ninguna ha salido bien, y como a mí, a mucha gente le ha parecido un timo. Sin embargo, estos casos nunca han pasado a la historia como fracasos sino como éxitos creativo/diferenciales porque los que los han consentido y apoyado tendrán mucho cuidado que no consten en sus hoja de servicios aunque a la compañía le ha costado muchísimo dinero, cuando no su continuidad.

Ni pirotécnicos ni pirómanos, auténticos petardos.

El mini-CEO

Lo que me lleva a escribir este post son una sugerencia de Juanjo sobre los programas high potential de las compañías y una charla con estudiantes de máster la semana pasada. Un denominador común a ambas situaciones es magnificar la importancia de la formación frente a la experiencia funcional, lo que propicia la desconexión de los individuos del devenir real de la empresa y les incita a cometer graves errores.

En ambos casos se produce un desequilibrio entre la caja de herramientas del candidato y la experiencia real para acceder a puestos de responsabilidad, porque las Escuelas de Negocio justifican la inversión en los cursos por su casi automática promoción a CEO del nuevo máster, y los high potential pasan a pertenecer a una casta dentro de la empresa de la que saldrán todos los top managers de la compañía (no por lógica sino porque normalmente se convierte en un requerimiento para aplicar).

Quizás con la criticidad del desempleo, este post no parezca una prioridad y quizás no lo sea. Sin embargo, sí es verdad que existen muy buenos profesionales que tienen trabajo, que se están formando y a los que mi punto de vista les puede hacer reflexionar sobre una situación que están viviendo y en la que quizás mi opinión, será la nota discordante de lo que están escuchando en su entorno.

Hay que tener un oficio que sea la plataforma sobre la que construir una carrera profesional y un oficio significa posiciones con una responsabilidad, grande o pequeña, pero real. A estos puestos yo suelo referirme como aquellos que “no se tienen que explicar”.

Cada uno debe diseñarse su carrera, aunque es bueno encontrar managers para los que trabajar que tengan preocupación por el desarrollo y ayuden en el diseño y también en la ejecución. Además, la carrera debe ser diseñada con su puntito de ambición pero con  visos de poderse convertir en realidad, por el potencial real del individuo. Aquí viene muy bien la experiencia de los buenos managers y ayudan muy poco tanto los “claims” del máster, como el “membership” en el club de los elegidos.

Aunque parece que hay dos caminos hacia los puestos de top management, en realidad hay solo uno que sea consistente, mientras que el otro está construido sobre cartón piedra y es cuestión de tiempo que sea barrido.

Si eres máster o high potential y has entrado en el juego de creerte que existe un shortcut para llegar al top, es posible que desde el primer momento por propia iniciativa o “ayudado” por alguien, te desmarques de las prosaicas posiciones que tienen una responsabilidad clara pero aburrida o limitada y te inicies por la senda del “program management” donde te indicarán un “fast track” y para empezar a actuar de inmediato como un mini-CEO. Si te encuentras en este grupo, te verás muy por encima de los “prosaicos” y mirarás con indignación a aquellos que ocupan las posiciones que tu añoras, pero que no tienen la formación que tú tienes. Hay gente de esa “vieja guardia” que son excelentes managers y los tienes que respetar recordando que la experiencia es un factor en tu ecuación que si vale cero, también  lleva a cero el resultado aunque el otro  factor, tu formación, sea  muy. Otros managers efectivamente serán muy malos, pero este es otro tema.

Es verdad que las posiciones de “program management” son un “fast track” pero a ninguna parte, porque la organización se acostumbra a verte en esas posiciones y tú cv se queda estancado en el mejor de los casos. Solamente te puede rescatar de esa situación algún promotor de los high potential que te apadrine e incluso te de una posición “de verdad”, pero ese rescate será momentáneo porque con todas seguridad, allí enseñaras tus vergüenzas salvo que des con la compañía “adecuada” donde los registros sean background vs experiencia, en cuyo caso te sentirás como pez en el agua (estas compañías han existido en el pasado). Aún así, yo nunca recomendaría esta vía, porque no es la razonable.

La vía razonable, el único camino lógico, es diseñar desde el principio con ambición controlada, qué es lo que quiero ser, aprender un oficio y desde el primer momento, intentar acceder a los puestos que paso a paso me vayan llevando desde ese oficio en la dirección elegida. Además, es muy importante que adquiera formación, no ilimitada porque no es necesario, para tener éxito en cada posición por la que paso y para dar visibilidad a mi compañía que tengo valencias libres y que estoy preparado para, cuando quieran contar conmigo, acceder a mayores responsabilidades.

Por otro lado, las rotaciones, en aquellas empresas en que se practican, también son importantes para el desarrollo y es la alternativa correcta a la actitud de mini-CEO. Por la rotación se consigue una visión cada vez más amplia que te facilitará llegar a ser director general o CEO, pero de una manera secuencial y tomando cada paso en su debido momento, no como el mini-CEO que intenta hacer del program management una posición multifuncional.

Por último, la otra alternativa para el mini-CEO es optar por una decisión mucho más coherente, que consiste en convertirse mediante el emprendimiento, en el CEO de una compañía pequeña: la suya. Esta opción que tiene todo el sentido del mundo si el candidato tiene vocación real de emprendedor, le proporcionaría la posibilidad de realizarse profesionalmente desde el primer momento. De este modo, si compagina sus conocimientos con la realidad de los primeros pasos de una compañía pequeña, a medio o largo plazo, conseguirá su sueño de ser un CEO.

Un oficio más una buena caja de herramientas como complemento, son los ingredientes de una exitosa carrera profesional, que se debe hacer paso a paso y siempre construyendo sobre logros tangibles ya que los atajos no funcionan y quien no lo tenga claro sufrirá grandes decepciones.